Por: Lizeth Castro
“Así es la vida: Cada uno de nosotros elige la velocidad de las escobillas mentales, reaccionando para lograr el resultado de lo que sea mejor para el camino”
Al final de la charla, se me acercó una joven de unos 22 años. Me dio un abrazo y me dijo la frase que inspira este texto: “Usted nos dijo que el buen líder sabe que hay un tiempo para todo, como dice la Biblia, sabe que hay prioridades; el asunto es que yo vivo acelerada, como en alerta, a 120 km por hora; nadie me acelera, soy yo misma, como si no hubiera un tiempo para nada!”
Y pensé entonces en esta comparación: las velocidades de las escobillas del carro, se parecen a la velocidad en la que yo decido reaccionar a cada pendiente que tengo.
Yo decido
El entorno puede tener una llovizna tímida y yo decido poner lento las escobillas, interpretando que apenas si es necesario eso para ver claramente el camino; si la lluvia se acelera de pronto, como suele pasar en nuestro país, Costa Rica, decido si mi seguridad amerita que las escobillas vayan más deprisa. Y si la lluvia es aguacero cerrado, intensidad máxima, gotas enormes atropellándose y no me puedo detener, elegiré que para avanzar debo poner la velocidad máxima para que el parabrisas quede más despejado lo antes posible.
Algo como eso “tan simple” puede salvarle la vida al conductor y sus pasajeros… Es una decisión que está más cerca de lo trascendental que de lo trivial.
Así es la vida: Cada uno de nosotros elige la velocidad de las escobillas mentales, reaccionando para lograr el resultado de lo que sea mejor para el camino; esto nos permitirá tomar decisiones y llegar al destino, lo más enteros posible. Cada uno debe administrar la energía, aplicando sabiduría para avanzar, evitar desgaste innecesario y reaccionar más sabiamente según lo amerita el caso.
Una llovizna de tareas no es igual que un aguacero de cosas por hacer

“Una llovizna de tareas no es igual que un aguacero de cosas por hacer”
No se vale poner la velocidad máxima -lo que genera un estrés extremo- si aún medimos que el tiempo está a nuestro favor.
Regular nuestras escobillas mentales es decirle al cerebro que no todo urge, no todo es clave, ni todo es ya. Es quitar el modo alerta que tenemos encendido todo el tiempo y darle chance a la vida de que la lluvia sea algo manejable y que puede ser, quien quita! que hasta la lleguemos a disfrutar.