Yo no sé de qué están hechas las puertas pero sé de qué está hecho el Dios que las abre y las cierraYo cumplo tocándolas, dejando los nudillos marcados en cada toc toc;  unas permanecen indiferentes a mi llamado y otras se abren. 

La diferencia no está en la fuerza de mi mano sino en la Mano sabia que diseñó las llaves y tiene la soberanía de usarlas a mi favor

Claro que me ha pasado: la puerta hermosa que quiero ver abierta, ni chista! Y la puerta angosta y de aspecto poco atractivo se abre; también me ha pasado que esa,  una vez abierta me muestra un gran regalo que mis ojos físicos era imposible que vieran.

El sonido de una puerta abriéndose es maravilloso porque lleva mi nombre y es música para mis oídos.  Acostumbrada a escuchar largos silencios donde quisiera que alguien dijera “Pase, la estábamos esperando”, cuando una puerta se abre suena a “creemos en usted”.  Significa un paso más que me acerca a una meta, un pequeño triunfo. 

Pero ¿qué me han enseñado las puertas cerradas?

Un par de cosas totalmente relevantes para mí:  Yo tengo que seguir creyendo, defendiendo mi sueño, no hay posibilidad de negociar eso  Y la otra:  Que no eran para mí, por doloroso que sea. Pero cuidado porque la próxima sí podría ser, pero tengo que seguir tocando porque hay un propósito que lo vale todo.

No se vale rendirse.

Nuestra empresa ha visto puertas abrirse, y ciertamente le atribuimos un lugar especial a la perseverancia y a la excelencia. Sin embargo cuando las cosas no se han dado, y gritamos “Upe!” y nadie nos abre, tenemos claro que luego de la decepción sólo sigue la convicción.

¿Y de qué estamos convencidos?

Convencidos de seguir adelante;  de no hacerlo solos.

De que Dios va adelante y atrás, nos rodea con su absoluto amor;

de que no vamos a entenderlo todo y que las preguntas de esas puertas cerradas serán respondidas cuando sean respondidas, no antes ni después.

Convencidos de que el autor de la vida nos acompaña, está enterado de todo -nosotros sabemos hasta la punta de la nariz – y ese Ser lleno de amor escucha cuando tocamos y nos abraza porque fue, es y será siempre el capitán del equipo. 

Esto nos hace celebrar la puerta que se abre y resolver con paz la puerta que se cierra. 

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Acerca del Autor

Soy periodista desde que tengo uso de razón. Siempre me gustó preguntar por todo y escuchar respuestas, incluido el silencio como la mejor en algunos casos.

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