Mejor, lo he pensado, mucho mejor tenerte de lejos, de lejitos.
Las espinas son parte de la rosa pero la decisión de seguirse espinando es mía. Me dicen ¿y si usas guantes para no espinarte? No se trata de guantes sino de la energía que me quitas, de la paz que te regalo, de tiempo valioso que no vuelve.
Hay otras flores que puedo elegir para mi jardín, pero vos, vos de lejos.
Te veré a la distancia, como hago con el pasado, a la distancia, recordando lo superado, la raíz arrancada, la cadena rota, con los mismos ojos con los que ve la vida el soldado sobreviviente, con ojos de “ya pasó y ya aprendí; prefiero la paz, mil veces la paz”.
Por ahí pasé y ya no más.
De lejos, ¿oíste?, de lejos, donde ni siquiera tu respiración me alcance, miedo necio, temor que estaba sembrado como mala hierba, sol picante que me quemó y preferí aunque existiera la sombra. Perdonada a mí misma, estoy pero tuve que sacar sin reserva lo innecesario.
La victoria me ocupa enfocada donde mis pies pisan hoy, sin distraerme en lo que pesaba. Lo que pesaba ya pasó, lo que espinaba ya se fue.
Y no es que me hiciste más fuerte vos a mí, es que yo misma decidí serlo porque lo necesitaba.
De lejos, ¿oíste?, vos de lejos.
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