Con 20 años de edad, una broma llevó a Fernando Esquivel a ponerse un arma en la cabeza. Se le resbaló y lo próximo que recuerda es abrir los ojos en el Hospital. Su cuerpo nunca se movió de igual manera: quedó en silla de ruedas y tiene problemas severos para movilizar su brazo izquierdo. Lo que ignoraba es que esa bala traía un pincel. Buscando opciones para contribuir en la casa, con su esposa y una bebé de dias de nacida, Fernando encuentra en la pintura su forma de vivir. Hoy, a sus 40 años, es profesor de pintura y nos cuenta la filosofía de la vida con la que se levanta todos los días agradecido con la vida.