Viviana Vega, jovencita, no se veía hablando con los árboles de limón ni entendiendo lo que les pasa y siendo su mejor amiga.  Fue con el paso del tiempo cuando, al crecer, especīficamente cuando se casó, que  se fue a vivir a Guayabo de Mora, a una finca que sólo era parte de lo que la familia tenía, sin que para ella representara nada más.

Ahí cambiaron las cosas:  Viviana empezó a echar un vistazo al limonal  y poco a poco se fue enamorando de todo:  de la tierra, de las raíces, de los frutos, las ramas y las hojas…

Los limones se producían muy bondadosamente al recibir el agua llovida, pero en época seca no pasaba nada.  ¿Qué hacer? Buscar información fidedigna, que la guiara exitosamente!

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Entonces de pasar a matricular un curso en el INA sobre cítricos, matriculó varios más incluida la información para cosechar agua y no depender de la lluvia exclusivamente, para alimentar los árboles.

Este conocimiento tan especializado lo encontró en el profesor del INA, Rodrigo Morales.  Junto con él ha logrado construir su propio reservorio de agua, una especie de piscina enorme donde el agua llovida se almacena.  Eso vale más que el oro porque mientras otras fincas esperan a que llueva para luego cosechar, Viviana cuenta con la suficiente agua para tener cosecha prácticamente siempre.

“El Instituto Nacional de aprendizaje ha sido mi socio para que esta empresa haya crecido“, asegura Viviana.

Acerca del Autor

Soy periodista desde que tengo uso de razón. Siempre me gustó preguntar por todo y escuchar respuestas, incluido el silencio como la mejor en algunos casos.

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