Cuando sus hijas tenían ocho y cinco años de edad, Sidney Marín Fallas, recibió como pronóstico de vida, un mes. Reunió a su esposa, mamá y hermanos pensando en que no vería crecer a sus niñas. Hoy, 14 años después, agradece la oportunidad de estar presente, seguro de que la enfermedad no define su misión de padre.

Escrito por la Periodista Wendy Arias/

En #PadresInspiradores de lizethcastro.tv, compartimos la historia de este papá de 42 años de edad que, hace frente a diez enfermedades con un corazón agradecido.

Nos cuenta Sidney: “Ser papá es un don, un regalo, que sin merecerlo, yo he recibido. Es el regalo más preciado, especial y delicado que tengo. Eso me lleva a cuidarlo con todas mis fuerzas, con toda mi alma, pero en especial con todo mi corazón”.

Continúa: “Pensé que no estaría para sus 15 años o graduaciones, en momentos buenos o no tan buenos. Sin embargo, por Misericordia de Dios aquí estoy. Sin saberlo, mis hijas, mi esposa, mi mamá y hermanos, son el motivo más fuerte de lucha. Sin ellas, posiblemente ese mes se habría cumplido”.

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Actualmente, Nicole y Nataly tienen 23 y 19 años de caminar de la mano de su padre

Actualmente, Sidney y su esposa suman 21 años de casados. Sus hijas Nicole y Nataly tienen 21 y 18 años de caminar de la mano de su padre y su madre

Gran Expediente

Sidney padece hipertensión arterial, acromegalia, epilepsia (asegura que no ha tenido una crisis desde 2018, tras una visita llena de fe a Fátima y Medjugorje), hepatitis autoinmune, mastocitosis, apnea del sueño, artritis reumatoide, osteoporosis, hipopituitarismo e hiperlipidemia.

Ha sido intervenido quirúrgicamente en cinco ocasiones;  toma unas 20 pastillas diarias y recibe dos inyecciones mensuales. Actualmente, sus hijas conocen todas sus enfermedades como médicos, sin que esto sea un obstáculo en su relación. 

Yo nunca puse un reloj en tiempo regresivo, trato de que la enfermedad no interfiera en mi misión de papá. Lo más bonito, es saber que aún en mis muchas equivocaciones, mis hijas, me han dicho en más ocasiones de las que merezco que están orgullosas de mí.  Verlas cumplir años, compartir, asistir a la Santa Eucaristía, tener noviazgos sanos, es mi mejor regalo”.

Nicole y Nataly conocen muy bien las enfermedades de su papá, quien busca que no interfieran en su relación

“Trato de que la tareas de ser padre no se afecté, me gusta que me hagan parte”.

Continúa: “Yo soy un papá llorón, porque cada vez que las veo cumplir una etapa más, recuerdo aquella reunión y agradezco el regalo de Dios. Soy metiche sin invadir sus vidas, pero si trato de hablar todos los temas, porque sé que mis enfermedades me van a acortar la vida y deseo que cuando no esté puedan pensar: mi papá diría esto“.

Y además un tumor en el cerebro…

Con 19 años de edad, recién casado, don Sidney empezó a hacer frente a la hipertensión. Años más tarde asistió al doctor porque le dolía mucho la mandíbula, cara y cabeza en general. Fue referido al ortodoncista, cuando el especialista lo revisó, notó algo más y lo refirió con su padre, quien es neurocirujano.

“El doctor me realizó un examen físico completo, no entendía por qué si iba a revisión dental, revisaba manos, lengua y demás. Salió del consultorio, hablaba por teléfono mientras me miraba y fue ahí donde me refirió con el doctor que es su padre. Este hizo el mismo procedimiento, me pidió fotos donde pudiera verme en años atrás y dijo: tiene que invitar a un café a mi hijo, porque dio con la enfermedad;  usted tiene un tumor en la base del cerebro. Ahí dejé de escuchar”.

Tras varios exámenes para corroborar el diagnóstico, los médicos explicaron que padecía acromegalia. Fue sometido a una cirugía de ocho horas. “El día que me dijeron que internaban, dije que no, porque tenía que hacerme la barba – dice entre risas- hoy sé que quería estar una noche más con mis hijas, pues iban aperar mi cerebro”.

Feliz cumpleaños a su hija casi en sala de cirugía

Continúa: “El único cumpleaños que no he estado con mi hija, fue porque estaba internado para la cirugía. Recuerdo que Angelica, mi esposa, llegó con Nicole y un queque al hospital, le catamos fuera de la sala de cirugía. Sin embargo, luego mi recuperación en casa fue relativamente normal, la cirugía fue a través de la nariz por lo que para mis hijas no representó tanto impacto, hasta que llegaron las convulsiones”.

Al año de la cirugía para extraer el tumor, don Sidney cayó al suelo, en su lugar de trabajo producto de convulsiones. Desde esa fecha, se hicieron presentes hasta el 2018. “Este fue el momento más complicado para mis hijas y familia, porque era un padecimiento visible. Se me dijo que era secuela de la primera cirugía”.

 “Usted no puede estar cerca de sus hijas”

En 2008, tras mucho dolor, el expediente médico agregó más páginas.

Se descubrió que el hígado de Sidney no estaba bien y llegó el diagnóstico de hepatitis autoinmune. El amonio estaba envenenando su cerebro, razón por la cual el médico sugirió no estar con Nicole y Nataly.

“El médico me dijo, usted no puede estar cerca de sus hijas. Estas palabras han sido más dolorosas que toda enfermedad -dije con voz entrecortada-  Estando internado, mi esposa fue a visitarme con mi hija menor, quien todavía era muy pequeña y sin saber contar le dijo al guarda que tenía uno, dos, 15 meses sin ver a papá. Él las dejó ingresar y pude verlas después de 15 días.

Para don Sidney es muy importante que sus hijas no sientas que no pueden compartirle una situación

Siendo niñas, las hijas de don Sidney no conocían a detalle las las enfermedades, pero desde su adolescencia se les han compartido paso a paso todos los detalles

La biopsia: le queda un mes de vida

“Cuando mi esposa me dijo, yo le contesté: Dios tiene la última palabra, reuní a mi familia y les dije que soñaba con ver mis hijas con 15 años, con novio o casarse, pensé que no lo haría. El médico se sorprendía y aseguró que en diez años estaría muerto o mínimo trasplantado. Por Misericordia de Dios no ha sido así, no es que no crea en los médicos, pero Dios tiene última palabra en todo”.

En 2019, después de sentirse muy cansado, se descubrió la mastocitosis, una enfermedad más rara que acromegalia y la hepatitis autoinmunee. Actualmente continúa en estricto tratamiento y reposo.

“Aunque digan que no vamos a ver el mañana, no debemos rendirnos. O usted entrega su enfermedad a Dios o si no piense en heredar ejemplo de lucha.  En ambos casos, busquemos dejar huella, legado de entrega y amor, así todo valdrá la pena, aun cuando realmente se cumpla el pronóstico”, finaliza, este papá inspirador.

Acerca del Autor

Soy periodista desde que tengo uso de razón. Siempre me gustó preguntar por todo y escuchar respuestas, incluido el silencio como la mejor en algunos casos.

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