Periodista: Wendy Arias

Hace casi cinco años, Saraí Dodanid Romero de García dejó su natal Venezuela. Migró a Costa Rica con su esposo e hijos buscando estabilidad para su familia, sobre todo, mejores oportunidades en salud para uno de sus hijos que es una persona con autismo.

En territorio nacional, la travesía no ha sido fácil y en medio de todas las pruebas, llegó el cáncer de mama.

En lizethcastro.tv conversamos con esta ama de casa de 43 años de edad, quien nos contó cómo en su corazón solo hay agradecimiento.

Geremi es autista y en su natal Venezuela no tenía acceso a medicamentos. Su familia migró a Costa Rica

Geremi es autista y en Venezuela no tenía acceso a medicamentos. Su familia migró a Costa Rica

“En Venezuela no había ni una pastilla”

Nos relata: “En enero de 2018, por la situación de mi país, decidimos migrar a Costa Rica. Mi hijo Geremi de 16 años es autista, su condición es severa y convulsiona. No lográbamos conseguir sus medicamentos y empeoró. Recuerdo que en un momento muy complicado de salud, mi esposo me dijo: nos vamos, prefiero empezar de cero que no tener el tratamiento.  Y así fue”.

Sarai, su esposo Gilmer, y sus hijos, Gilmer (21), Geremi (15) y Gilmari (13), vendieron todas sus pertenecías en Venezuela, dejaron su emprendimiento y llegaron a suelo nacional a tocar puertas para empezar a trabajar.

Sarai con su esposo Gilmer y sus hijos: Gilmer, Geremi y Gilmari migraron a Costa Rica hace casi cinco años

Sarai con su esposo Gilmer y sus hijos: Gilmer, Geremi y Gilmari migraron a Costa Rica hace casi cinco años

“Fue muy duro, mi esposo empezó trabajando en construcción, ahora al transporte, allá se dedicaba a ventas, a mi hijo mayor le costó adaptarse. Es estar lejos de casa. Pero como decimos en mi patria, gracias a Dios hicimos de tripas corazones. Poco a poco salimos adelante y Geremi tiene medicamento”.

Tres años después de su llegada a Costa Rica, una molestia en uno de sus senos llevó a Sarai a un centro médico. El doctor detectó cáncer de mama y empezó un recorrido que incluyó una mastectomía total (cirugía para extirpar un seno) quimioterapia y radioterapia.

Su última sesión fue en mayo anterior.

“No hubo tiempo de llorar”

“Cuando el especialista me dijo que era cáncer, solo pensé en quien iba a cuidar a Geremi, en mis hijos, en mi esposo y dejé de escuchar. Hablé con ellos y esperé cinco días para contarle a mi familia en Venezuela, luego me dije o me tiro en la cama a llorar o salgo a luchar, e hice lo segundo”.

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“Me realizaron una mastectomía total y no fue como que vi al espejo y no me reconocí, sino que vi como que ya mis senos habían cumplido su misión de amamantar, la quimio solo me dio cansancio, se me cayó el pelo, pero yo lucí mi pelona, con aretes y alegría. La radio nada y el día que me dieron de alta, empecé a llorar, es que no me había dado tiempo de llorar”.

Actualmente, Sarai asiste a control cada seis meses y continúa cuidándose. Asegura que su esposo e hijos fueron su motor principal, lo más hermoso de este proceso es la unión de su familia y lo menos hermoso estar lejos de su madre, hermanas y vivir la muerte de su abuela desde aquí.

Esta imagen, es la preferida de Saraí, pues visibiliza todas las facetas del cáncer de mama

Esta imagen, es la preferida de Saraí, pues visibiliza todas las facetas del cáncer de mama

“Mi esposo llevó todo en sus hombros, los cinco nos hicimos un rollito, no estoy en mi patria, pero he cosechado buenos amigos. Yo me aferré a mi familia, me llené de optimismo, vi la muerte como algo para todos y me dije el diagnóstico no es sinónimo de muerte.  Lloré, sequé lágrimas y seguí. Ahora disfruto la comida del hoy, la salud del ahora. No sabía lo valiente que era y estoy orgullosa de mí”, finaliza, esta valiente mujer.

Acerca del Autor

Soy periodista desde que tengo uso de razón. Siempre me gustó preguntar por todo y escuchar respuestas, incluido el silencio como la mejor en algunos casos.

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