Periodista: Wendy Arias//

Uno de los momentos que más anhela una madre al finalizar el periodo de gestación de su bebé, es mirarlo, acogerlo en sus brazos y amamantarlo. Sin embargo, para lograr esto, la mamá de esta historia, tuvo que pasar por una UCI y desafiar a la muerte. 

En lizethcastro.tv conversamos con Rebeca Vega de 33 años de edad, quien vivió un embarazo normal, pero el día del parto su salud se complicó y la llevó al borde de la muerte.

Ella nos cuenta: “Entré en labor de parto el 04 de mayo a las 5:00 de la tarde. De repente, la frecuencia cardiaca bajó y escuché a la enfermera gritar: cesárea de emergencia”.

Rebeca vivió un embarazo normal, pero el día del parto estuvo al borde de la muerte.

Rebeca vivió un embarazo normal, sin embargo, el día del parto estuvo al borde de la muerte. Los médicos diagnosticaron hígado graso.

Emma, nació 4 horas después, a las 9:45pm, con un peso de  3.445g y midió 49.5cm.

No obstante, Rebeca no se encontraba bien.

En la madrugada del 05 de mayo recibió una transfusión de sangre, los médicos no entendían por qué no lograban estabilizarla.

La presión estaba alterada, había coágulos y fue trasladada a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).

Hígado graso en el embarazo

Mi hija se fue a casa cinco días después de su nacimiento con su papá. Yo me quedé internada e incluso, pensaron que moriría. Tenía tres catéteres, usaba sonda y recibí tres sesiones de plasmaféresis (procedimiento que separa el plasma de las células sanguíneas para mezclarlas con un líquido que reemplaza el plasma). Con esto empecé a recuperarme”.

El diagnóstico fue hígado graso.

Los médicos explicaron a Rebeca que, esta enfermedad puede desarrollarse durante el tercer trimestre del embarazo y al nacer el bebé desaparece. Sin embargo, en ella no desapareció.

Su caso se presenta en una de cada dos mil mujeres.

Un corazón agradecido

“Este capítulo en mi vida me ha marcado para siempre, no lo hubiese logrado sin las personas que estuvieron a mi lado (…) Agradezco a mi esposo por nunca dejarme sola, por afrontar la situación y ser un excelente papá. A mi mamá que, con fe, estuvo como roca firme creyendo en mi recuperación. A mi familia y amigos que, a la distancia me enviaban su amor, pensamientos positivos y oraciones”.

Rebeca y su esposo David, disfrutan día a día el tiempo en familia. Valorando cada minuto.

Rebeca y su esposo David, disfrutan día a día el tiempo en familia. Valorando cada minuto.

Continúa: “Fueron tantas las personas que estuvieron pendientes de mí, de mi hija y mi esposo que no podría nombrarlas, pero desde el fondo de mi corazón les doy las gracias. El agradecimiento más importante es a Dios, sin Él, yo no estaría aquí, compartiendo con mi hija, viéndola crecer y acompañándola en este camino de la vida”.

El primer encuentro de madre e hija fue el 19 de mayo. David Guzmán, esposo de Rebeca, entró al hospital con su hija en brazos y la entregó a su madre, un momento lleno de lágrimas, agradecimiento y amor.

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Tras una valoración médica, ese mismo día se indicó que la familia podía regresar completa a casa.

“Yo siempre digo que esta es una historia con final feliz. Aprendí a encomendarme más a Dios. Valoro cada día dar pecho a mi hija, con quien viví un proceso de reelactancia, verla sonreír y abrazarla”. Finaliza la agradecida mamá.

Acerca del Autor

Soy periodista desde que tengo uso de razón. Siempre me gustó preguntar por todo y escuchar respuestas, incluido el silencio como la mejor en algunos casos.

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