El abrazo pendiente

“Si tienen la bendición de tener a su madre cerca, no dejen pasar un solo día: abrácenla, siéntense a conversar (…) Esos momentos simples son los que, con el tiempo, se transforman en el refugio más cálido de la memoria”.

Escrito por Pablo Guerén Catepillán

Hace cuatro años que no te veo. Cuatro años de extrañarte, de imaginar una y otra vez el momento en que podamos volver a compartir esas cosas simples que para mí son tesoros: sentarnos frente a una taza de té —la bebida favorita de los chilenos—, conversar sin prisa, dejar que las palabras fluyan para refrescar el alma, revivir recuerdos y quedarme con las enseñanzas que solo tú sabes dar. Aunque las tecnologías nos acerquen, nada sustituye ese abrazo que nos debemos, ese que hace falta y que estruja el corazón.

En la distancia, te admiro más que nunca.

Admiro tus ganas de vivir, tu búsqueda constante de nuevos conocimientos, tu amistad con el ejercicio diario y esa constancia que parece inquebrantable. Eres ejemplo de disciplina, pero también de ternura; de cómo se pueden ir sumando esas hermosas canas con energía y sonreírle a la vida cada día. Tus pasos me enseñaron que la fuerza y la dulzura no están reñidas, que se puede avanzar firme sin perder la calidez.

Como educadora de historia me diste mucho más que fechas y hechos: me forjaste. Me enseñaste a entender el pasado para valorar el presente y a buscar siempre el sentido de lo que vivimos. Atesoro nuestras coincidencias y también nuestras diferencias, porque hoy entiendo con claridad que en cada consejo tuyo hubo siempre una intención de ayuda, de amor sincero y de querer lo mejor para tus hijos.

Hoy, a miles de kilómetros de distancia, quiero decirte que te necesito.

Que ese abrazo pendiente no es solo un gesto: es un lazo vivo que nos une, la confirmación de todo lo que somos y hemos compartido. Y a quienes leen estas líneas, si tienen la bendición de tener a su madre cerca, no dejen pasar un solo día: abrácenla, siéntense a conversar, tómense ese té o ese café, porque esos momentos simples son los que, con el tiempo, se transforman en el refugio más cálido de la memoria.

También podés leer: “Ma te quiero decir…” La hija que aprendió a sobrellevar el dolor

Acerca del Autor

Soy periodista desde que tengo uso de razón. Siempre me gustó preguntar por todo y escuchar respuestas, incluido el silencio como la mejor en algunos casos.

Comments are closed.