Por: Lizeth Castro

Meghan, perdón la confianza de llamarte por tu nombre, como si nos conociéramos y fuéramos “amiguis” como dicen en mi país, pero es que a todos los seremos humanos nos corre sangre roja, lo que nos hace del mismo club sin contar que así como vos todos tenemos sueños, luchamos contra gente tóxica, superamos problemas, amamos y queremos ser amados,  y cuando queremos ir al baño, vamos!

No a todos nos entrevista Oprah, pero digamos que esos son gajes de tu oficio.

Meghan, yo sí te creo que te deprimiste y que pasó por tu mente el suicidio. Las presiones te llevaron hasta ahí, cosa que le sucede, lamentablemente a millones en el mundo.

No calzar, no ser suficiente, escuchar estupideces de tu color de piel y el de tus hijos, ser juzgada hasta por tu profesión, señalada por tu apellido, tu pasado, que si el vestido está más corto de la cuenta y el color no es el correcto, compararte con la esposa de tu cuñado, debieron llenarte la cachimba de tierra y movieron las bases de tu amor propio. 

El dinero es tan nada, que no se puede comprar la paz con él. Así que, yo sí creo tu depresión y excelente que buscaras ayuda profesional.

Pero quiero por favor que veás todas las razones para vivir.  Hay gente que dice que te deben sobrar cuando ves tus dos casas enormes, las piscinas, la sala de masajes, el parqueo para 5 carros, el gym, las varias pantallotas de tele que seguro tenés, la bondadosa herencia de tu fallecida y recordada suegra, pero yo no hablo de eso.

Meghan Markle confesó ante Oprah Winfrey sufrir desprecios en la Casa Real

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Vos misma, por vos, por haber desafiado lo establecido y darte el chance con el hombre que amás, tenés razones para sentirte orgullosa. 

Quizá de novia de Harry, veías las luces de la realeza y ahora vivís en las sombras. Hoy y a punto de tener a tu bebita, no te distraigás en esas sombras ni en resentimientos.  Pesan mucho.  Hay una mamá y un papá que te consideraban su princesa, mucho antes de que los periódicos lo dijeran.  Su abrazo vale más que el oro que hay en la puerta de cualquier castillo.

Hay un esposo que te ama y está ilusionadísimo con su hijo y la chiquita que está por nacer

Pelear porque tus hijos tengan “x” o “y” título debe ser desgastante y además hay razones históricas para que no reciban títulos los hijos del hermano menor.  Como mamá de dos hijas, te paso un volado que al rato ya sabés:   desde que estaban en mi vientre, mis hijas tienen un título que nadie les puede quitar: son hijas del Rey Infinito Creador, Dueño del todo amor y Poderoso. Te imaginás!  Los tuyos también, cero estrés.

Meghan, yo sé que el pago de la luz y el agua no te desvelan pero sí el desprecio y el juicio ajeno.  Si me lo permitís te sugiero que volvás a conquistar tu seguridad, tu alegría por vivir, tu amor propio. Hacer tus cosas y ganarte el sustento con tus fortalezas. Ser la reina de tu hogar, la que manda en tu vida. Trazarte un propósito diario para servir a los demás y despreocuparte de si bajaron los niveles de aceptación que los ingleses te tienen.

Asi que, Meghan, me despido diciéndote que todo va a estar bien. Es un día a la vez, desde la gratitud, la fe y el amor.  Tranquila. Todo va a estar bien.

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Acerca del Autor

Soy periodista desde que tengo uso de razón. Siempre me gustó preguntar por todo y escuchar respuestas, incluido el silencio como la mejor en algunos casos.

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