¡Y tanto que me dije que qué bruta era!

Y yo que creía que era una bruta

Es una frase típica:  “Qué bruta, según yo me iba a acostar y me faltó cerrar el portón con llave”. “Qué bruta yo, se fue la luz y no me dio la cabeza para comprar algo hecho y me puse a complicarme y hacerle sándwich a los chiquillos”. “Qué bruta yo, pensé que mi marido me iba a decir que saliéramos hoy viernes. ¡Si nunca lo hace! Pero me pasó por la mente semejante estupidez jaja”.

Las brutas, esas mujeres cuyo cerebro no tiene descanso porque piensan en los demás segundo a segundo  y les pasa por la cabeza la idea de que merecen una vida que las chinee más, esas brutas hacen que el mundo funcione.

Pero que funcione para todos sin preguntarse si para ellas también.

Conocí a una señora que luego de mucho pensarlo, dejó de sentirse bruta para sentirse feliz.

Delegó en el hijo mayor la responsabilidad de asegurarse que el portón estuviera con llave en las noches.

Si se iba la luz, compraba algo hecho y si no había suficiente dinero le pedía a sus hijos hacer entre todos los «sándwich».

Y una noche se sentó con su marido para decirle que le encantaría salir con él, solos, como cuando eran novios, porque si no, en medio del trajín de cada día se perderían, si no es que ya su chequera de amor estaba en rojo.

Esas “mujeres brutas” que van tomando consciencia de su existencia y su propósito, se dan cuenta, luego de un gran nivel de cansancio, de lo inteligentes que son, de lo bellas,  lo creativas,  lo ingeniosas que son.  Caen en cuenta que lejos de ser brutas, estaban haciendo cosas que las hacían sentirse asi, pero que hay un hasta aquí si quieren ser felices.

La señora me dijo “Y pensar que me creía bruta y sin mí, mi hogar no funcionaba.  Pero ahora no quiero funcionar sino ser feliz y que todos en casa lo logremos.  Volver a reírme de nada, sentirme merecedora.  Decirme que valgo oro y dejar de decirme, de verdad, que soy una bruta. Mi marido me dijo que me veía cambiada y que ya yo no le gustaba así».

La señora le dijo a su marido que debían buscar ayuda ambos: «Le dije que yo necesitaba ayuda para agregar a mi lista más cosas que me llenan la vida y él la necesita para comprender que la bruta se acabó y la que está aquí es inteligente, merece amor, respeto y consideración».

He ahi el entierro de «la mujer bruta» y el nacimiento de la que no negocia su amor propio. 

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Un comentario en “¡Y tanto que me dije que qué bruta era!

  1. Hola! Liset yo desearía tener esas fuerzas que tienes trato de hacer y recaigo mi marido me es infiel y estoy tratando de salir y de poder desirle asta aqui

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