Sus compañeros de trabajo en el Periódico la Nación le llaman de cariño Carmencita, hay quien le dice princess, -porque de verdad cualquiera que la conozca se convence que ella es una princesa-, ella lo resume diciendo: “a mí me dicen de todo, pero yo no me enojo, que me digan como sea”.
Ella es María del Carmen Morales Jenkins, una mujer de 49 años de edad con síndrome de Down pero que eso no le ha impedido desarrollarse en muchas áreas como persona. Prueba de eso son los 18 años que lleva trabajando en el periódico, actualmente trabaja en la mensajería interna y en la fotocopiadora de la empresa.
En cuanto se empieza a hablar de su trabajo ella interrumpe sonriendo, con unas palabras que demuestran la verdad de todas y cada una de las palabras que dice: “lo disfruto mucho, sobre todo porque tengo amigos y amigas y mucho compañerismo, todo esto hace que mis días y mi vida sea muy bonita”.
Y ahora sin duda lo es más, ya que Carmencita logró con sus ahorros, comprar una casa para ella y para sus padres en Purral de Guadalupe. Ella tiene dos hermanas, una mayor y otra menor, además, cuatro sobrinos y una sobrina, y agrega: “y dos cuñados también y un hermano que ya falleció”.
Imborrable es para ella aquel recuerdo, el que narra con mucho orgullo: “Le pedía a Dios fuerza, y que pudiera hacer mi sueño realidad, entonces llegué y le dije a mi mamá: mamita, compré una casa, ella fue a verla y todos en la familia, mi papito y todos se pusieron muy contentos, ya tenemos casita ahí”.
Es precisamente esta familia la que diariamente la impulsa a seguir adelante, a no darse por vencida a pesar de esos “ratos amargos” que les ha tocado vivir. Momentos provocados por la indiferencia de quienes se creen superiores, y por una sociedad que vive prejuiciada, tratando de forma diferente a personas que, muchas veces, no son vistas precisamente como tales, una prueba de esto es la vez que Carmen llegó a una iglesia con un novio.
“Llegué con mi novio, cuando eso tenía novio y fui adonde un padre y le dije: padre yo me quiero casar y ¿sabes lo que me dijo? No, no se pueden casar mongolos”.
Carmencita salió de aquel lugar muy molesta, pero aquel pasaje solo fue uno más de los muchos que ha tenido que enfrentar y enfrentará en la vida. Es por cosas como esas que prefiere mirar a su familia, refugiarse en aquellos que siempre están ahí y que no dudan en apoyarla y motivarle para que siga adelante.
Una prueba de esto la vivió la revista Lizeth Castro.tv cuando estábamos coordinando para las fotografías de ella, su casa y su familia. Su sobrino Daniel no dudó ni un segundo en ayudar a Carmen a tomar las fotografías y hacérnoslas llegar, tampoco sus padres lo pensaron para posar cuantas veces fueran necesarias.
Son momentos como estos lo que han formado a esta linda persona; esa misma que en el periódico La Nación todos conocen por Carmencita, esa mujer que, sin duda alguna, es toda una princesa.