Desde que empezó a pintar hace siete años, esta microbióloga de profesión, lo tuvo muy claro. Un lienzo frente a ella, una paleta de colores en una mano y en la otra un pincel y será cuestión de tiempo para que los trazos plasmen las figuras de esos seres con los que compara a los humanos: las mariposas.
Julia Sabah nació en Chile, hoy tiene cincuenta y cuatro años pero desde los doce esta en Costa Rica. Un tumor en su cerebro y principalmente la muerte de su esposo le llevarían a decidir aplicar lo que siempre había pintado y querido transmitir: que había que tener una metamorfosis y dejar de ser una oruga que se arrastra por el suelo para convertirse en algo bello, que se tenía que alzar las alas y volar en medio de las circunstancias.
Para ella un diagnóstico cambio el rumbo de las cosas en el año 2012; en su cerebro se estaba desarrollando un tumor y había que operar. La intervención quirúrgica fue un éxito, al punto que de nuevo se encontró con su gran pasión: la pintura. Pero cuando se cumplían seis meses de su recuperación otra mala noticia estaba por llegar, un cáncer se había apoderado del cuerpo de su esposo y a él solo le daban nueve meses de vida.
Los pronósticos no fallaron y su marido vivió solo nueve meses más. Entonces –nos comenta ella- surgieron las preguntas: “ ¿Porqué me dejaron vivir? ¿Para vivir esto? No pude volver a pintar, tomaba la paleta y el color me cegaba, mi alma estaba sumergida en la oscuridad y el color era demasiado”.
Entonces Julia escribió, lo había hecho durante el último tiempo que su esposo estaba vivo; cuando él dormía ella se levantaba sigilosamente de su cama y escribía poemas de lo que estaba viviendo, de lo que sentía. Lloraba de dolor, sufría porque no sabía si quien había sido su compañero, ya por treinta y cuatro años, amanecería.
“ ¿Cómo describir la pena?, ¿cómo plasmar en estos grises bastidores el dolor?, tu dolor, tu cuerpo convulsionado en la angustia de mi dolor “ así dice su primer poema: DOLOR PINTADO.
Las sesiones de quimioterapia, el último día que estuvo vivo, la despedida de ambos, el regresar a una casa en la que no está el ser amado, en resumen todas las facetas del duelo, de todo ello Julia escribió poemas, son estos –cerca de cincuenta- los que junto con ilustraciones propias conforman el libro Mariposa en Despoblado.
“Tenía tanto escrito que alguien me dijo esto hay que publicarlo porque otros están como vos estuviste. Me di cuenta que aunque mis alas se maceraron, se hicieron leña, tengo que volar, que tenemos que aprender a levantar vuelo a pesar de los pesares”.
Agrega: “Mi mayor satisfacción es haberme auto curado con este libro, que recuerde pero ya no con dolor y sobre todo ayudar a otros que pueden estar viviendo lo mismo; no pretendo lucrar, de hecho las ganancias que dejen la venta de los libros irán a La Casita San José un lugar donde se atienden madres adolescentes, lo que quiero es decir que si podemos tener esa metamorfosis que tenemos el poder para decidir dejar de ser orugas y levantar vuelo”.