Una madrugada como cualquier otra , la oscuridad en el cielo, el frío en el ambiente, la quietud y el silencio, en resumen, una madrugada más; pero no para Rosario Gomez, para ella es un episodio como los que ha vivido muchas veces. Siente miedo y mucho, mucho temor, se siente deprimida, no quiere dormir, es que no quiere sentir otra vez que se ahoga, ya le tocó vivirlo dos veces y no quiere, por ninguna razón, un tercer infarto.
Su esposo, como prácticamente todos los días, desde hace mucho tiempo, llamaráa la ambulancia y de nuevo al hospital que ya era como su segunda casa. Hoy tiene treinta y dos años, pero desde los seis padece de Asma Severa, agradece todo lo que durante tanto tiempo han hecho sus padres y hermanos pero sabe que un tercer ataque al corazón puede ser fatal, por eso el miedo, los nervios y la depresión.
El segundo infarto fue hace tres años, para ese entonces los doctores hicieron lo que pudieron, y no quedó más que conectarla a máquinas. Estaba prácticamente fallecida pero logró, con medicamentos y tratamientos seguir viva, eso si, durante un mes pasó hospitalizada, pero: y ¿si hay otro infarto? ¿Y si la escena se repite?
Ella recuerda lo vivido y dice: “durante un año pasé empastillada, prácticamente pasaba el día dormida, solo esperando que podía traer la oscuridad de la noche para mi. Comprobé hasta donde te puede llevar una depresión,: no quería quitarme la vida yo , pero el temor era enorme al simple hecho de salir y que algo me pasara, que mi vida se acabara por algo o por alguien”.
Ni siquiera la llegada de su hijo Joan, hace cinco años, logró que superara los miedos y la depresión, por el contrario, estos fueron cada vez mayores. Por eso lo vivido para cualquiera como una madrugada más era para Rosario un verdadero calvario.
Su vida cambió con una decisión y una llamada, un tío sacerdote y una prima encontraron un profesional, un alergólogo que siguiera el caso, pero todos le dijeron: Te vamos a ayudar, pero vos tenés que ayudarte.
Fue entonces cuando Rosario de rodillas hizo una oración: “Le dije a Dios ayúdame, quiero salir de esto, ya no aguanto, nunca tuve infancia ni adolescencia, esto no es vida, ayúdame por favor, siento miedo y eso me causa depresión”.
Aquella oración que ella hizo hace ocho meses una mañana en la iglesia de Guadalupe de Cartago surtió efecto. “Soy asmática, si, pero me siento segura de mi misma. Hoy al ver a mi hijo y llevarlo al kínder, hoy al ver a mis papás, a mis hermanos y a mi esposo digo, tengo por quien vivir, gracias Dios, porque me estás ayudando, y por eso le digo a la gente, lo digo en mi facebook y donde quiera que voy: sí se puede superar los miedos y la depresión, busquen ayuda profesional, pero agárrense de Dios, yo lo hice y hoy puedo decir tengo ocho meses de tener una vida normal y feliz”.