Conforme se acerca el fin de mes Sandra Rivera empieza a sentir cosquillas en el estómago, las ansias se vuelven cada día más intensas y solo espera que llegue el día en que pueda ir a Santiago de San Ramón para visitar a su hijo Esteban.

 Él tiene 15 años, Sandra no puede ni siquiera llamarlo por teléfono,  Por eso anhela verlo, aunque sea una vez al mes, que es lo que le permiten.  Separarse así de su hijo fue y es doloroso pero el sufrimiento hubiese sido mucho mayor si él hubiese continuado por el camino del consumo de marihuana.

Esteban es el menor de cuatro hijos que tiene Sandra, ella recuerda cómo empezó a darse cuenta de que algo estaba sucediendo: “Resulta que empezaron a suceder cosas, mucha malacrianza, mi hijo siempre estaba mal humorado, fue ahí cuando me pregunté ¿qué estará pasando? “

Un día su hijo tenía unas “semillitas” y ella le creyó cuando le dijo que eran de fresa, hasta que un sobrino la alertó y le dijo: “Tía ¿vio lo que anda Esteban? Y ella dijo: Sí, son semillas de fresa. Entonces el sobrino le dijo: Oh tía, eso es marihuana.”

Sandra espero la llegada a casa de su hijo, que para ese entonces tenía catorce años,  hasta que  este terminó confesándole que sí, que era marihuana y que él no podía estar sin fumar un solo día. “Ese día lloré y lloré y me pregunté ¿qué puedo hacer? ¿Cómo puedo ayudar a mi hijo? Recuerdo que dije  ¡Dios mío ayúdame!”. Fue así que Sandra empezó a informarse sobre centros y terapias de rehabilitación.

Un día –recuerda- recibe una llamada, era de la delegación policial de Zetillal, donde vive. Le pedían que se presentara al lugar ya que habían encontrado a su hijo con droga. Entonces le pidió ayuda a un yerno para llevárselo inmediatamente para uno de los centros de los que se había informado.

“¿Adónde me lleva? ¿Por qué me lleva así? Yo puedo dejar esto cuando quiero, no se meta conmigo, la odio”, fue lo que aquella madre tuvo que escuchar  en el largo trayecto hasta Santiago de San Ramón,. “Buscamos hasta llegar al Campamento Bíblico de Regeneración Beraca” , indica.

Como su hijo no quería quedarse en el lugar, Sandra tuvo que firmar un documento. Recuerda que le dijo a su hijo “esto lo hago por tu bien y porque te amo aunque no lo quieras entender”. Con aquellas palabras dejó a su hijo en el lugar y aunque las lágrimas volvieron a brotar en sus mejillas ella comprueba hoy, año y medio después de aquel momento, que definitivamente fue lo mejor.

“Al principio hasta intentó escaparse dos veces pero ha valido la pena”, nos dice esta mujer, quien espera que se cumplan los dos años que contempla el programa de este Centro de Rehabilitación. Ella ansía el regreso de su hijo a casa y que su adicción sea cosa del pasado.

Hoy en su página de facebook: Sandra Rivera Marin, pueden verse fotografías de las visitas que hacen ella y su familia al campamento de Rehabilitación donde siempre esperan ir, aunque sea una vez, al final de cada  mes.

Acerca del Autor

Soy periodista desde que tengo uso de razón. Siempre me gustó preguntar por todo y escuchar respuestas, incluido el silencio como la mejor en algunos casos.

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