Virgencita, ¿de dónde tanta fuerza? Pasame un poco que la necesito, vestime con tu traje de guerrera, soplá fe sobre mi, hacé que mi corazón siga latiendo con tu esperanza inclaudicable.
Hoy dice el periódico que un niño de año y medio palestino fue quemado vivo y pienso en vos. Y dice que acá en Costa Rica sigue el proceso contra un médico que dejó “a medias” la operación a un bebé que finalmente murió. Nos aturden las noticias y yo pienso en vos. En vos, madre, que viste morir a tu hijo justo y bueno en un espectáculo que muchos vieron sin hacer nada. Y a veces, madre, las noticias son eso, un espectáculo. Vos, ¿de dónde sacaste fuerza? Decime para ir ahí. ¿Dónde venden tu grandeza de mujer, tu entereza de esclava de Dios, tu dignidad impecable?.
Quiero pararme a la par de la cruz y llenar mi rostro como vos, con lágrimas pero conservando la certeza de que la luz existe. Te imagino tan completa, con los brazos hacia el cielo diciendo “Hágase en mí”. Decidiste creer aún sin comprender, he ahí tu fe.
Virgencita, como sos mi Madre, cerraré los ojos y pondré mi cabeza en tus regazos. Que nadie ni nada nos quite este instante, esta súplica para seguir adelante. En tus regazos mis sueños, mis decepciones, mis puertas abiertas y cerradas. En tus regazos de madre todo mi amor. No tengo más para darte que todo mi amor, Madre bella. Gracias por amarme también.