Tras superar un cáncer linfático, la foto en el facebook de Leonardo Perucci titulada “selfieneurisma” nos dio la voz de alerta de que algo pasaba con él. Ese humor tan sabio,  cuando hay dolor nos llamó la atención y por eso la misión de la periodista Ana Coralia Fernández de conversar con él.  ¿Sobre qué?  Sobre la vida, la muerte, y de nuevo la vida. Disfruten esta conversación con alguien que sabe que la vida es ya, se limpia las lágrimas y sigue como un vikingo con más fuerza todavía.  

Lizeth Castro

Por: Ana Coralia Fernández

A Leonardo Perucci lo recordamos como el ya legendario animador de un programa televisivo que acompañó hace años nuestros domingos por la tarde: Fantástico.

Toda una generación de costarricenses pasamos aquellas horas, donde la televisión por cable ni se imaginaba en el país -y unos pocos canales locales se encargaban de la programación tica-, se entretuvo con la cálida voz y la indiscutible presencia de ‘Leo’ Perucci en la pantalla chica. Y así se ganó el cariño de toda la gente. Pero él es mucho más que un animador de televisión.

Con una amplia carrera en las tablas, desde 1965, en la televisión en Chile, su país de origen y también como director y escritor, Leonardo Perucci, es un hombre de una gran cultura, una gran historia y se ha enfrentado a situaciones límite como un gato.

Si uno le pregunta cuántas veces ha vuelto a nacer así responde:

“Siempre he sido un sobreviviente. Perdí a mi madre a los cuatro años, sobreviví a una madrastra cliché y a los 15 años me enviaron a un internado muy parecido a un reformatorio… Quizás por eso que le entré a la vida de frente. Superé un exilio que me impidió entrar a Chile durante 19 años en la dictadura de Pinochet. Esto de sobrevivir se me hizo costumbre”.

Pero Leo, no solo ha superado pruebas de contexto. También ha sufrido quebrantos en su salud.

“Mi primer ‘round’ fue con la columna. Una estrechez en el nervio ciático me sometió a una operación en la vértebra donde se abre un espacio en el hueso para el nervio. Luego enfrenté un cáncer linfático que superé como si fuera un resfriado en ocho sesiones de quimioterapia y lo más reciente, el aneurisma en el que casi pierdo la pierna izquierda si no es por una intervención de urgencia en el hospital Calderón Guardia”.

Y es que cuando se habla de dolor se abre un abanico. La constante es que espiritual o corporal, siempre deja una lección.

“El aneurisma tuvo el odioso mérito de recordarme que el dolor inaguantable existe, ese de pegar gritos como un chancho en batea, (los que hayan oído gritar a un chancho sabrán de que estoy hablando). Pero el dolor físico es una alarma que avisa que algo anda muy mal. Me intervinieron como cuatro veces la pierna y gracias a eso estoy caminando y ahí vamos. Del dolor físico uno aprende a tomar precauciones para que no se repita. Le temo más al dolor del alma, ese que nos aprieta el pecho y nos despierta por las madrugadas con ganas de llorar, cuando se nos muere un amigo, un pariente, una esperanza… Ese dolor nos acompañan toda la vida. A ese le temo más que al dolor físico”.

Y como Perucci es como un gato, le pregunto sin reparos si ha estado cara a cara con la muerte…

“Siempre he creído que después de esta vida no hay otra. Es acá donde debemos amar, luchar, gozar, aprender, trabajar y disfrutar. He cultivado el optimismo como una forma de vida. A pesar de mis dificultades de salud nunca he pensado que me puedo morir… y, si llegara a pasar, pues ¡bienvenida sea! La muerte es parte de la vida y anda siempre rondando. Ser bueno es una profesión y hay que ejercerla todos los días… La muerte no me quita el sueño”.

Muchas vitrinas, un solo Leonardo

Apasionado y entregado a lo que le hemos visto hacer, Leonardo tiene una fórmula que comparte: hacer lo que ama.

“Pienso que la definición de éxito es hacer lo que a uno le gusta. Es lo que he hecho toda mi vida. He puesto todo mi ser en mi carrera y quizás por eso he obtenido buenas respuestas. Y quizás por eso todas las vitrinas adonde me he asomado han sido buenas buenas, desde que protagonicé la primera telenovela chilena “Los días jovenes” hasta el último día que estuve en “Giros”. Una de las satisfacciones más grandes es el reconocimiento del público, de tus compañeros y tus patrones. Eso vale más que cualquier retribución económica.

Lo que sigue

Hablar con Leonardo es de nunca acabar, pero lo bueno viene en frascos pequeños. Es hora de cerrar esta ventana que abrimos para saber de este amigo querido, que ‘vino chileno’ y acabó siendo tico como el agua dulce.

“Luego de tanta cosa, pienso seguir viviendo con la alegría de siempre, positivo, optimista. Y, por supuesto seguir trabajando. ¿Les parece poco este descansito que he tenido? ¿O tal vez me pierda en alguna playa del Caribe, bello y soleado? Uno nunca sabe… Recuerden que despues de las malas, siempre vienen las buenas ¡y las estoy esperando! ¡Ah! Y voy a repetir algo que he dicho muchas veces: me van a faltar años para agradecerle a Costa Rica todo lo que me ha dado.

Nunca dejen de vivir esas situaciones riesgosas, duras, dolorosas con valor, estoicismo y nunca piensen “hasta aquí llegué”.  Creo que el gato jamás piensa que se le van acabando las nueve vidas. Yo aprendí de ellos a caer siempre de pie ¡y hasta ahora me funciona!

Acerca del Autor

Soy periodista desde que tengo uso de razón. Siempre me gustó preguntar por todo y escuchar respuestas, incluido el silencio como la mejor en algunos casos.

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