La decisión de perdonar

Periodista: Wendy Arias

Mientas el  14 de febrero de este año muchos hacían planes para celebrar, ella sepultaba a quien había elegido como compañero de vida. En medio de la tristeza decidió aceptar que se ha ido.

Era su amigo, su confidente, su prometido y su amor. Caminaban de la mano desde hace casi seis años y se preparaban para unir sus vidas en matrimonio en diciembre próximo.  Sin embargo, todo cambio en un abrir y cerrar de ojos. La vida la ponía cara a cara con una realidad que no era fácil de aceptar.

El 13 de febrero anterior, Paola Durán recibió una llamada que estremeció todo su cuerpo, la persona que había escogido como su compañero de vida, ya no estaría más, había muerto.

“Ese día íbamos a hacer las vueltas de la casa. No fue así, a las tres de la mañana un amigo de mi novio me llamó. Cuando escuché que no era la voz de él de inmediato pregunté si Gustavo estaba bien. Me dijo que lo habían matado, pero yo no entraba en si, hasta que llegue al lugar y lo vi, vi sus zapatos, su pantalón, no quería creer la forma en la que había pasado”.

Gustavo Orozco, disfrutaba de una despedida de soltero con sus amigos en un bar de Cartago, cuando de repente los sorprendió una lluvia de balas. Él no era el objetivo de quienes dispararon sin piedad, pero fue quien recibió el impacto mortal.

  “Quería correr, sentía que el mundo se me venía abajo. Una vez estábamos juntos y vimos como levantaban un cuerpo en una bolsa y él me dijo que no quería que eso le pasara, mi corazón se desgarraba al ver que estaba pasando”.  Recuerda entre lágrimas.

El 7 de marzo, Gustavo y Paola tenían planeado un viaje Perú. Paola  festejaría el cumpleaños de su prometido allá. Mientras que según supo ella después, Gustavo había elegido ese país para darle el anillo de compromiso.  Han pasado tres meses desde la muerte de Gustavo y en ellos estaban: el cumpleaños de Paola, el día en el que él habría cumplido años, el aniversario que sumaría los seis años de noviazgo y el viaje que no se realizó.

 Los días fueron largos, cargados de recuerdos y pensamientos sobre los planes que ya no se realizarían juntos. Pero había una decisión que tomar, aceptar y continuar caminado.

“ Estos tres meses no han sido fáciles, se me escapa una lágrima cuando lo pienso. Pero admití que ya se fue, que no estará más y que él habría anhelado no verme encerrada en un cuarto. Algunas personas me dicen que no lo quería mucho, porque he vuelto a sonreír, a salir y a fluir. Eso no es cierto, lo amé, lo amo, pero es una decisión reconocer que se ha ido y que no lo puedo cambiar. Tuve un accidente de tránsito hace dos años,  Dios quiso que siguiera aquí y  ahora me puso esta prueba, por algo es . Siempre he llevado una vida muy estructurada, una vez Tavo me aconsejó que fuera más egoísta, que me dedicara más tiempo a mi misma, le tomé la palabra. Me decidí a vivir”.

Paola de 31 años de edad, nutricionista, colaboradora en una fundación de bien social y vecina de Cartago,  no sigue el caso legal de quienes dispararon aquella madrugada, asegura que los perdonó desde ese día.  Conserva las fotografías de Gustavo, el pañuelo que llevaba el día en que murió y algunas prendas, que con una sonrisa, afirma que mantienen su olor.  Sin embargo, sigue caminado, llevando el día a día, porque decidió aceptar la partida de su amor, levantarse y continuar con su vida.

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