Alegría y tristeza.  Liberan  a Juanita Alonzo, una indígena guatemalteca presa en México durante 7 años, por algo que nunca hizo y sin saber ni jota de español.

Irregularidades al tope

Exactamente fueron 7 años, 6 meses y 12 días sin que nadie reclamara su libertad y ella misma sólo hablaba su dialecto chuj, de su familia maya.

Nadie le explicó por qué estaba en la cárcel y los días de injusticia fueron pasando y la vida fue pasando.

Juanita Alonzo lo que habia hecho era intentar cruzar, junto con su familia, la frontera hacia México, de forma ilegal.

Todos avanzaron excepto ella, por un dolor en su cuerpo que le impedía continuar. Así que mientras lograba controlar su dolor, se quedó en una casa desconocida, a punto de cruzar.

La tragedia se haría aún más grande porque en esa casa un “coyote” la secuestró junto a otra mujer migrante y su hija menor de edad.   Las tres vivieron en la colonia Villa Diamante en Reynosa, donde fueron forzadas a trabajar para sus plagiarios.

La otra mujer logró marcarle al 9-1-1 para denunciar el secuestro y cuando las autoridades llegaron, acusaron a Juanita de ser cómplice de los secuestradores.

Una historia sin pies ni cabeza que nadie, y aún menos su protagonista, entendía. En aquél momento tenía 26 años, no hablaba español  y todo se convirtió en pesadilla.

Juanita, con 33 años de edad, ha vuelto a su casa en San Mateo, Guatemala

Juanita, con 33 años de edad, ha vuelto a su casa en San Mateo, Guatemala

El 10 de Noviembre de 2014 nunca se le olvidará a esta mujer.  

Tras arrestarla, la golpearon y torturaron. Le tiraron en su celda un pedazo de pan, dice ella “me lo aventaron como si fuera un perro con rabia”.  Porque sí, ahora sabe español.  Sus compañeras de celda le enseñaron el idioma;  no es el aprendizaje más refinado pero nunca más le pasará  que alguien le hable, mucho menos que la acuse, en español, y no entender. 

Recoge el periódico digital elpais.com, el sentimiento de Juanita para con las presidiarias de aquella cárcel de Tamaulipas, que se convirtieron en su familia:

“Me daban mucho ánimo. ‘Échale ganas, Juanita’, me decían las muchachas. Yo casi todos los días lloraba, si no en la mañana, en la tarde o en la noche, yo extrañaba mucho a mi familia, ellos estaban sufriendo por mí. Todas las compañeras están llorando ahí, nombre, está bien difícil vivir en esa cárcel, no está fácil”.

LIBRE!

Juanita fue arrestada sin derecho a un traductor. Imposible defenderse

Juanita fue arrestada sin derecho a un traductor. Imposible defenderse

El 21 de Mayo, tras 2700 días en prisión, recibió la noticia de que quedaría en libertad. En la oficina del Director de la cárcel, hasta las mujeres custodias de la prisión, lloraron de alegría.  Ella pidió que le mostraran el documento que era su pase hacia la libertad.  No quería que la vacilaran.  Se lo mostraron y gritó de alegría. Las guardias la abrazaron.  

Para que esto sucediera, fue clave la Oficina de la ONU para Derechos Humanos en México, que intercedió para que la liberaran.

Para volver a su pueblo indígena en Guatemala, San Mateo -de donde salió para hacer realidad su sueño americano convertido en pesadilla-, le financiaron los boletos de dos aviones y todo el costo de dos días en carretera.   

En casa la esperaba su familia, los abrazos en su dialecto, su comida, su dignidad y una madre enferma que nunca perdió la fe de volver a ver a su hija. 

Le preguntan si irá a cobrar de alguna manera todos los daños sufridos y  lo que le robaron estos 7 años en la cárcel, a lo que responde que sí, pero añade rápidamente “Ya estoy libre y estoy bien, feliz ahorita”.  Mañana tendrá su propio afán.

Acerca del Autor

Soy periodista desde que tengo uso de razón. Siempre me gustó preguntar por todo y escuchar respuestas, incluido el silencio como la mejor en algunos casos.

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