Un NO de los médicos y el SÍ de Dios

Kattia escuchó a los médicos pero oró a Dios con toda su alma

El médico dijo que era imposible, ella esperó a saber Dios qué decía.

Un problema hormonal le impedía ser madre por tercera vez, Kattia Leitón lo anhelaba con todo su ser. Elevó una oración desde lo más profundo de su alma y su deseo fue concebido.

Esta mujer de 42 años, narra por qué, ve en el rostro de su hija Isabela, el fruto de su fe.

Fue diagnosticada con menopausia precoz, a los 39 años ya no menstruaba.

Para aquel entonces, tenía dos hijos y desde hacía un tiempo, intentaba concebir una niña, sin embargo, el padecimiento no lo permitía. Los especialistas indicaron que ya no había opción.

Y fui a hablar con Dios

“Sentía que el tiempo se agotaba, me dijeron ya no, es imposible y yo fui a hablar con Dios. Hice una oración muy específica, con todo mi corazón.  Le dije que solo aceptaría un no de Él y no de los médicos. Le dije que me diera la oportunidad de tener una niña en mis brazos. Le hablé a mi cuerpo, oré y a los quince días, tuve una ovulación, al mes llegó la menstruación normal y pensé: estoy sana.

Sigue en su relato:  “Fueron tres meses menstruando y al cuarto no llegó el periodo, ahí supe que estaba embarazada. No dudé, se lo pedí a Dios. La prueba dio positivo y tuve que grabar a la doctora, porque mi esposo y mi hijo mayor no me creían”. recuerda entre risas.

Isabella nació y los propios médicos se sorprendieron
Isabella nació y los propios médicos se sorprendieron

A pesar de ser un embarazo de alto riesgo, el desarrollo fue normal. No obstante, un susto provocó que la bebé se adelantara dos semanas. Al nacer requirió suero, oxígeno y se le diagnosticó un padecimiento en el corazón. La evolución fue rápida y a los cuatro días le dieron de alta, con cuidados específicos.

Todo marchaba bien, pero Kattia no. Ella se sentía preocupada y ansiosa.

Post parto, depresión y el dolor de un adiós

“Me enfoqué en cuidar de la bebé y descuidé otras cosas. Me enojaba por todo, lloraba, no quería salir, no permitía que nadie viniera a casa, me deprimí. El post parto llegó, y aunque mi esposo siempre estuvo al pie del cañón, con ilusión y con fe fortalecida por el milagro de Isabela, a los cuatro meses se fue”.

Las preguntas se hicieron presentes: ¿Por qué Dios le había dado a su hija, pero ya no estaba su esposo?. ¿Qué había hecho mal en este proceso? ¿Cómo enfrentaría la vida ahora? Incluso sintió vergüenza de que las personas observaran su “fracaso”.

“No todo tiene respuesta, pero Dios siempre está y en Él me refugié. Acepté y perdoné, salí de la depresión. Entendí que la llegada de Isabela se dio en el justo momento para enfrentar la prueba. Decidí seguir adelante por mis tres hijos y por mí. No debemos enfocarnos en las heridas, porque nos desgasta, nos estanca, debemos enfocarnos en todas las cosas buenas que tenemos. En la alegría en medio del dolor.

De hecho Kattia hizo la canción que presentamos en esta nota, hablando de alguna parte de su experiencia.

No tenemos que sumirnos en quién se fue, sino en quién está.

Mi hija tiene un año y ocho meses, sus hermanos la aman y ella los ama. Su padre no ha regresado a casa, pero está pendiente de los tres; y yo, vivo dando gracias por mis hijos, por mi niña que no fue imposible, por lo positivo que alimenta mi alma y lo no tan positivo que me hace crecer”.

Lejos de derrumbarse, Kattia se fortaleció, retomó estudios y empezó a escribir canciones.

Ha grabado algunas de ellas, la primera se llama: “Aquí estoy”, que según dice, es lo que le hace sentir a Dios en cada circunstancia. Con sus letras y testimonio, busca impulsar a otras mujeres, recordarles que no están solas, se tienen así mismas, y que todas podemos seguir luchando a pesar de las “barreras”, pues la fe y la esperanza, logran alimentar esa fuerza incuestionable que llevamos dentro.

Periodista: Wendy Arias

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