
A los 41 años esta madre de tres hijos tuvo en sus manos un diagnóstico inesperado: cáncer de mama
Lunes 19 de Enero de 2019. 1:15 de la tarde. Hospital San Vicente de Paul. Cristy y Jonathan esperan afuera de un consultorio los resultados de unos exámenes.
La doctora la llama a ella, ella pasa; le pregunta si viene sola. “Ahí, empecé a sospechar que algo pasaba. Llamé a mi pareja y ya entramos los dos”. Y ella me dijo “Usted es una mujer muy fuerte; ya tengo los resultados de los exámenes. Se queda viéndome a los ojos y me dice “Mamita usted tiene cáncer”. Ella empezó a hablar con Jonathan y sentí como que me tiraron de espalda. Dejé de oírla a ella y ahí sentada en lo único que pensaba era en mis hijos”, recuerda.

Cristy es madre de 3 hijos y abuelita de una nieta
Cáncer de mama, cambio de vida
Cristy Sabrina Coto Montero es una mujer de voz cálida y está determinada a vivir; la fortaleza interior con la que enfrenta la vida es ejemplar. El camino no ha sido sencillo.
Se tuvo que despedir de su trabajo como agente de ventas, en una empresa que por cierto supo abrazarla con el alma al incapacitarse para someterse a una operación: El Palacio del peluquero. “Me llamaron el último día y cuando veo, mis compañeros habían organizado un desayuno. Todos lloramos y me dieron una tarjeta firmada por todos”. Inolvidable trago de agua en un desierto lleno de preguntas.
Luego vinieron las lágrimas con sus hijos que en aquél momento tenían Isaac 12 años, Jorge 20 y Angie 25. Y con su amado papá que al escuchar la noticia se tiró al suelo y le suplicó a Dios “Mándame a mí lo que quieras, pero a ella cuídamela”.
Juntos se abrazaron en la sala de la casa de la hija mayor . El camino apenas empezaba.
72 puntadas
El nombre de Cristy se suma a la lista de mujeres que han transitado el camino del cáncer de mama.
Luego de esa cita, cuando esta herediana tenía 41 años, le fue removido completamente su pecho izquierdo; le encontraron 17 ganglios.
La cicatriz de las 72 puntadas de aquella mastectomía -más un raspado en su costilla izquierda– le recuerda que las segundas oportunidades existen y no tienen precio.
“Al volver de la operación, no quería que Jonathan me bañara; pero qué va! Tuvo que ayudarme. Quitamos el vendaje y verme sin mi pecho…. Lloré mucho, él lloró conmigo ahí en el baño, los dos.”
Cristy tuvo que tener rehabilitación pues su brazo izquierdo le dolía mucho y costaba moverlo… pero la vida seguía y vendrían más cosas inesperadas.
En las buenas, en las malas y en el cáncer…

Cristy y Jonathan se casaron tres años después de aquél diagnóstico
Su esposo, Jonathan Zamora Campos, trabajador de construcción y soldador, no era aún su esposo cuando sucedió aquella inolvidable cita a la 1 y 15 de la tarde. Pero hasta eso hizo el cáncer: confirmó un amor que venía creciendo y que se consolidó con el fuego de la prueba.
“Me dijo, si tengo que trabajar las 24 horas para que no nos falte nada, lo voy a hacer”, recuerda Cristy.
De veras que los votos de amor se pronuncian tantas veces en los actos más que en las palabras.
Cristy recuerda que la doctora en aquél consultorio en 2019, tuvo el siguiente diálogo con Jonathan, viéndolo a los ojos:
-“¿Usted qué? Se va a quedar o se va a ir?”.
– No entiendo doctora.
– Su esposa tiene cáncer, es prioridad cuidarla. ¿Usted se queda o se va?
– ¿Por qué? Por supuesto que aquí voy a estar.
– Me disculpo con usted pero tantas veces he visto que cuando les doy el diagnóstico, en el mismo momento, ahí mismo, hay esposos que se van, las abandonan y no quiero que a ella le pase eso.
Alerta de spoiler: no sólo él fue clave en la recuperación de ella. Ellos se casaron tres años después del diagnóstico en una boda en la que, en un discurso que llenó de lágrimas a todos los presentes, ella honró la fidelidad y el cuidado de su compañero de vida, en las buenas, en las malas…y en el cáncer.
La vida no da tregua
Volvamos a la Cristy que llora por la ausencia de su pecho. Se acuerda de la quimio, en el Hospital México, con tristeza: “La primera sesión hasta en bus nos vinimos de vuelta a casa, yo venía bien. Pero en la noche todo dio vueltas.”
Y detalla: “Era un dolor que no sé cómo decir…sentía que no podía respirar. Y no soportaba el ruido, los olores, la luz; cada vez que venía de quimio me metía en un cuarto oscuro, sola….completamente alterada”.

La quimitoerapia es un tratamiento que Cristy recuerda con tristeza: “Todo me molestaba”
Y vino otro pequeño gran detalle: “Esto lo recuerdo con amor: el pelo se me cayó, eso duele mucho. Le pedí a Jonathan que me rapara y cuando veo él también se rapó. Nos probamos unas pelucas que Papi y mi hija me habían regalado y nos reímos un rato y nos tomamos fotos… Hoy lo recuerdo como un momento bonito”.
Luego se cayeron las cejas, las pestañas, el vello del cuerpo, las uñas se pusieron negras…
En lo económico, el hombre que les alquilaba la casa en Barva de Heredia le preguntó a Cristy:
-¿Usted tiene cáncer?
– Sí señor
– Bueno pues eso a mí no me interesa. Me pagan el alquiler a tiempo y si no se van.
Luego, tuvieron que irse.
De ese tipo de personas está llena la vida… pero también de ángeles.
Cuando aparecen los ángeles
Redacto esta historia y me sigo impresionando de la frase de Cristy: “A pesar de que fue tan duro, el cáncer inyectó vida en mí. Primero, fue lo que Dios utilizó para acercarme a El, y tener una relación con Él”.
Y luego, su propia empresa.
“Cuando inicié la quimio, con ese diagnóstico de cáncer la psico oncóloga me dijo “Necesito que haga algo en su casa; usted toda la vida ha trabajado. Las personas se mueren más rápido por depresión que por el tratamiento”.
Ella nos sigue contando el inicio de algo que no imaginó: “Mi hija se llama Angie Sabrina y yo Cristy Sabrina. Yo había llevado cursos de pintura en óleo. Yo decía, es muy caro, porque vivíamos alquilando. Me regalaron 20 mil colones y mi hija se fue a comprar cositas plásticas: abalorios de plástico y vidrio para hacer joyería, un elásticos, unos ganchitos…
Un tutorial que vi en youtube me ayudó y juntas hacíamos aretitos super sencillos… Esa fue mi terapia”, cuenta.
Esos pocos ingresos eran mucho! Así pagaba el Uber para ir y venir del hospital.
Pero lo que empezó como una terapia, se convirtió en algo más formal.
El nacimiento de una PYME

Un emprendimiento que nació “de las manos de Dios” según cuenta Cristy
Referida por una persona de la Municipalidad en Barva de Heredia, Cristy llegó a Asociación Mujeres artesanas Heredia por media calle.
Fue así como un mes después de haber terminado la radioterapia, fue a su primera feria a vender sus productos hecho aún, de forma empírica.
La gran ganancia de esa feria fue que ahí mismo conoció a quien es su mentora y maestra, Jenny Loaiza, dueña de la empresa Joyería artesanal.
La empresaria le dijo “Dios puso en mi corazón que le enseñe todo lo que sé; así me dijo. Ella es un ángel para mí”, dice Cristy, quien hoy llegó a convertir en PYME ante el MEIC su empresa Sabrina joyería y bisutería. que le genera sus ingresos.
Aún Cristy sigue en espera de que un día la de totalmente de alta. Pero si hay algo cierto es que ama la vida y quiere ayudar a otras.
De hecho, en Guararí de Heredia, cada sábado en la mañana da clases de bisutería a madres que deseen aprender en El Refugio. “Lo que por gracia se recibe, por gracia se da”, dice ella. Y así entre el amor por su familia, sus creaciones y su do de servicio camina dándole gracias a Dios por cada minuto de vida.