Las palabras de su madre eran contundentes: “Hija ya no puedo más, créeme que lo siento mucho pero ya no puedo aguantar más esta situación, ahí, en esas bolsas está su ropa, tenés que irte de la casa”. No pensó que saldría de esta forma de su hogar pero al fin y al cabo se iba –dijo ella- con el hombre de su vida, también pensó para sí misma “lo amo y nadie me va a querer como él”. Karen Aragón hoy tiene veintinueve años. Lo había conocido cuando tenía diecisiete. El era diez años mayor pero eso no importaba, como tampoco importaba tener que viajar en bicicleta mientras él lo hacía en un carro que ella había comprado. En esos momentos solo pensaba: “Es para que lo trabaje como taxista informal, por eso, no importa que me cobre incluso por los servicios de transporte que me da”.
Durante seis años esta mujer se mantuvo en una relación donde la codependencia fue cada vez mayor, al punto que lo que hoy entiende como muestras de agresión verbal y psicológica eran en su momento “obstáculos” que había que superar, como el hecho de que él consumiera drogas, como su ausencia por muchas noches sin saber donde estará, o sus infidelidades. Hoy Karen se pregunta cómo y porqué logró soportar algo así.
A pesar de que se dejaban de ver y se separaban siempre volvían a estar juntos, pero un día ella se dio cuenta de que había dos hijos producto de otra relación que él tenía. Fue entonces cuando dijo: ya no más, hasta aquí. Hoy le asombra ver hasta qué punto la mujer puede degradarse por eso que considera verdadero amor, cuando es cualquier cosa menos eso. Hoy afirma, “Yo soy un ejemplo de esto”.
La realidad de Karen es ahora diametralmente opuesta a lo vivido. Tiene un matrimonio y dos hijos (los mismos que se pueden observar en la foto), y además de sus estudios en contaduría formó una empresa que elabora mini jardines con plantas naturales. En su página de facebook ( https://www.facebook.com/infokctus?fref=ts ) se pueden ver los productos que esta guerrera de la vida ofrece con su propia empresa que bautizó como K´ctus, con plantas para interiores de casas y edificios.
Las lágrimas no dejan de salir al pensar en lo que pudo haber pasado si seguía en la relación enfermiza en la que estuvo. “A lo mejor sería una alcohólica o drogadicta y sin duda hasta tratamiento psiquiátrico necesitaría”.
Hoy tiene un mensaje para las mujeres que están como ella estuvo: “Es mentira que no podremos salir adelante si esa persona no está. Sí se puede, todas las mujeres valemos mucho. No permitan ningún tipo de agresión, convensanse así se llama esto, agresión; Dios a nadie abandona, y siempre la salida esta al final del túnel ”.