Yo te celebro Pa. Don José, 102 años de amor

Don José abraza a su hija en la fiesta de Navidad y es él quien le dice a ella: “No sé si nos volveremos a ver”.  Fue la última vez que se vieron.  A los 101 años, ¿será tan sabio el corazón de un papá que puede preveer cuáles ojos están por apagarse?  A esa edad, ya cruzado el siglo de existencia, ni siquiera el dolor ha podido con la fuerza de este roble. Tras la muerte de su esposa hace 34 años, don José asumió con mucho más compromiso del que ya tenía, la entrega a sus 6 hijos. “A los menorcillos nos frotaba cuando teníamos gripe; si no teníamos tacos para jugar él hacía lo que fuera para comprarnos aunque fueran unos de segunda”, recuerda Gerardo.  Los hijos mayores, al parecer, tuvieron un papá mucho más estricto que los menores pero hoy no se reclama nada, sólo se agradece.

Fue un 30 de junio de 1913 cuando fue dado a luz en San Rafael de Heredia, don José Alejo Matamoros Muñoz.  Con él y su esposa nació una familia que hoy suma 96 miembros. En la Costa Rica en la que creció don José, la mayoría de los chiquillos nacían en la casa con ayuda de la comadrona y los zapatos eran un lujo al que se tenía acceso al crecer.  Muy verde, esa Tiquicia vio a este hombre desde pequeño ordeñar vacas y arriar ganado. Más tarde, sería el trabajo con la madera, el que le permitió velar por su hogar.  Hasta a la zona bananera, allá en el Caribe fue a parar don José para construir casas.  Incluso, las bancas y el púlpito de la Iglesia de San Rafael son testigos de su trabajo junto con la mano de obra de su papá y sus hermanos.

Luego, don José también probó las mieles de un oficio que hoy conocemos como corredor de bienes raíces, que era básicamente vender propiedades. No sé si es por esa cantidad de experiencias vividas, que lo único que delata que este hombre impresionante está a punto de cumplir 102 años es verlo en la silla de ruedas.  Desde que se quebró la cadera, los propios doctores han solicitado ese cuidado con don José, aunque antes de ese episodio se iba a ventanear sin problema a los Centros Comerciales.

Para tomar estas fotografías, se ocupaba mucho espacio. El espacio existió y prácticamente toda la familia llegó.  Un hijo que se encuentra en los Estados Unidos y su familia, vendrá para la fiesta de los 102 años.  Están convocadas la alegría de vivir y el agradecimiento de tener un padre lúcido y amoroso. Una existencia tan digna tiene que ser bien celebrada.

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