Un violador libre…la impunidad sabe a vómito

No puedo imaginarme cuál será el castigo adecuado para un papá que deja embarazada a su hija de 12 años. La dimensión del horror es tal que supongo tarea difícil casi imposible llegar a la respuesta de cómo se recupera la mente de una niña indefensa que lleva la misma sangre de su violador y se pregunta ¿Por qué a mí? . No existe un borrador del alma. Ahí quedan registrados momentos claves y este en particular, color violencia, teñirá la vida de esta niñita. No existe una forma de olvidar los latidos intensos, los gritos apagados, la frustración de no poder hacer nada que le provocó el terror de la violación a su cuerpo, a su corazón de niña, a su confianza, a los días que el resto de su calendario tenga de ahí en adelante.

Si ya sé, los psicólogos le ayudarán a la menor y la vida sigue, pero quién le repone a ella las risas que perdió por un asqueroso y desgraciado padre que no merece llevar ese título sagrado de los que están dispuestos hasta a dar la vida por sus hijos.

¿Qué pediría yo? Que jamás quede libre, como lo está, el cobarde responsable de un acto tan vil. La fiscalía de Limón lo deja libre y yo me pregunto, ¿Por qué el premio? ¿Porque tiene el mismo trabajo de hace 40 años? Y de nuevo en cuchara grande la realidad nos sirve la impunidad que sabe a vómito. Ya fuera cierto que la vida de este hombre transcurra entre barrotes que serán prisión para un enfermo que no merece un segundo de libertad…

«Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan, para que no las puedas convertir en cristal», canta Silvio Rodríguez. Ojalá las leyes protegieran a la víctima y no al victimario. Ojalá esa no fuera la realidad y jamás hubiera pasado lo que pasó y esta niña estuviera a punto de salir de sexto grado con un corazón lleno de sueños y lejos del miedo que siente hoy mientras ve crecer su pancita. Ojalá nada de esto fuera cierto.

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