Donald Trump me acaba de recordar la insensatez de quienes echan en un saco a todos los seres humanos, los califican a todos por igual y obvian lo más básico: cada uno de ellos es único.  El recordatorio vale para Trump y para todos nosotros.

Pongo entre paréntesis mis anotaciones al margen de lo que dijo en días pasados el multimillonario en dinero y pobre en respeto:  “Cuando México envía a su gente (hey, su gente son millones de personas con sueños, con historias, con dignidad), no envía  a los mejores (¿Él decide quiénes son los mejores?). Envía a la gente que tiene muchos problemas (¿quién no los tiene Sr. Trump?), que trae drogas, crimen, son violadores”, y ahí tengo que respirar.  Son violadores, traen drogas y son criminales. Qué grave por Dios.

Pero entonces, yo que no soy mexicana pero soy costarricense o sea latina e igualmente tengo familia en Estados Unidos que quiere salir adelante, cuento hasta 10, hasta 1000 y hasta 10 mil y respiro para aprender dos cosas acerca de estas desafortunadas e incoherentes intervenciones de quien quiere ser Presidente de los Estados Unidos y espero que no lo llegue a ser:  Respetá los sueños de otros, los ideales de otros, las luchas de otros, sus dificultades, sus triunfos, respetá su vida.   Y dos, no se debe generalizar.

Aterrizo entonces en el título de este blog:  Cada ser humano es único. Cuando, con el corazón partido decimos que “todos los hombres son iguales”, condenamos a “todos” a ser infieles, hipócritas, egoístas, narcisistas, machistas.  Si hemos escogido a 8 que son así, esos 8 lo son, no los millones de millones de hombres que hay en el planeta. Y, por cierto, el problema de escogerlos ha estado en vos, que no has visto las señales de que estás llevándote a casa uno más de esa clase.

Generalizar es también faltar al respeto,  y eso nos hace perdernos de la consciencia de la maravillosa gama de posibilidades que la vida nos ofrece de aprender de otros, de hacer equipo con otros distintos a mí, de escuchar otros criterios, de inspirarnos en otros, de creer en otros.  Lástima que Trump me haya servido para hacer este blog, porque por ahora para nada más me sirve este señor.

Acerca del Autor

Soy periodista desde que tengo uso de razón. Siempre me gustó preguntar por todo y escuchar respuestas, incluido el silencio como la mejor en algunos casos.

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