Entrevisto a una señora que tuvo en sus manos un papel con la descripción de lo que pasó en su cuerpo hace 10 años y en una casilla de esa página decía “Cáncer”. La señora me cuenta hoy, que el médico con un gran respeto hacia ella, le indica el proceso que viene. Habla, entre otras cosas de quimioterapia, que ella había escuchado que “es más dura que todo, que el mismo cáncer” y hoy ya sabe que es así, al menos en su caso.
Me relata en sus palabras: “Entonces agarro el papel, lo doblo, lo meto en la cartera, y me levanto de la silla después de la explicación. Antitos de abrir la puerta me vuelvo hacia él”. El relato sigue y la señora, contándomelo, sonríe: “Doctor una preguntita. Hoy es lunes. ¿Puedo ir a clases de baile en la noche verdad?”. La señora se ríe y me sigue contando: “Abrió los ojos enormes y seguro dijo: Cáncer no, locura es lo que tiene esta señora! Jajajaja”, recuerda echándose para atrás en la silla.
Esta preciosidad de señora, doña Carmen, es para mí el ejemplo más claro de que, en ocasiones, un diagnóstico hará que más de una persona se sentencie a sí misma a pararse en el paredón de la muerte sin que ni siquiera la muerte la esté apuntando. Ella, doña Carmen, con ese diagnóstico, muy lejos de ir al paredón, se fue a clases de baile.
Qué sabio es que no tenemos control de lo que nos pasa pero sí de la reacción a eso que nos pasa.
Gracias doña Carmen. Usted es inolvidable para mí. A bailar se ha dicho guerrera!!