Por: Lizeth Castro

La oscuridad te esconde y es fácil quedarse ahí.  No te expone y de alguna manera, crees que te proteje.  Pero el tiempo no se detiene y el reloj agoniza en tu muñeca.

A la vida ahí, no le pega el sol, nadie la calienta.

Ahí no se hacen realidad los sueños.

Es una tierra infértil donde nada nace.

Nada se logra, excepto morir en vida.

Muchos salen de ese hoyo.  No veo por qué vos no.

Desde ahí, un hilo de voz pidiendo ayuda equivale a una tonelada de valentía. Ánimo. Ese hilo de voz está ahí en tu garganta queriendo salir.

Los que han resucitado de ese hoyo, cuentan que hay que pedir ayuda.

A Dios. Al amigo. Al hermano. Al psiquiatra…. Son sólo opciones, imagino que hay más, porque en la luz se ve mejor.

Vas a salir.

Estoy segura porque en el fondo lo querés.

Entonces sentirás el milagro del viento pegando en tu cara,

las manos juntándose para orar y ya no para taparte el rostro,

tu boca celebrando despacio la existencia de la sonrisa,

tu cuerpo de pie y ya no acostado rendido.

Si.

Intentalo.

Pedí ayuda.

Tu vida merece esa oportunidad. No se la negués.

Salí de la oscuridad.

Acerca del Autor

Soy periodista desde que tengo uso de razón. Siempre me gustó preguntar por todo y escuchar respuestas, incluido el silencio como la mejor en algunos casos.

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