Conozco la oscuridad pero me niego a pensar que es ahí donde merezco estar. Me ha secuestrado la decepción y he llorado la muerte de la confianza. He visto agonizar en mis brazos la esperanza, pero algo la hace volver en sí . Por eso me niego a pensar que debo invertir mi tiempo en revolcarme en el agua mal oliente de la desesperación que le aprieta a uno el pecho y que hace que respirar sea lo más difícil de ese segundo de vida. No. Definitivamente hay agua pura -que no sé si merezco-, pero la deseo tanto que la imagino como una catarata que me baña el alma. Entonces, respirar empieza a ser más fácil y vuelvo a tomar fuerzas.
Mis ataques de pánico en el pasado, me enseñaron que lo que mi mente cree real, es real. Si creo que nací para la grandeza, nací para la grandeza. Si creo que la muerte es el único camino, la muerte será el único camino. Yo me contrato a mí misma para seguir o me despido o me obligo a renunciar. No hay más.
Casi siempre he dicho que la vida se celebra, incluso en aquellos momentos en que no tengo más que llorar porque he perdido y me siento fracasada. No hay nada de extraordinario en eso, es que soy fanática de la luz aún cuando no la vea. Roso la locura, no está cuerdo quien cree que todo lo malo hoy, mañana será la mayor bendición. Esa lectura de la realidad no la hace el sentido común, la hace la locura.
Cuando he estado en oscuridad, es como si estuviera en una casa hueca y fría sin ventanas, pero sé que en algún lugar hay una ranura por donde debe entrar el único hilo de luz que ocupo para conectarme con la vida.
Cada persona que se suicida en Costa Rica, por día, es un poco ese ser humano que he sido al ver agonizar la esperanza. Pero cada persona que decide buscar ayuda y continuar con su vida, es también ese ser humano que he sido, buscando con un ojo lo que se ve por la ranura y sabiendo que mis rescatistas –esos locos que viven dentro de mí que me dicen que “todo pasa”- vendrán en mi auxilio. Quiero pedirle a Dios que la luz -sea que la vea o que me la imagine- sea más grande que todos los miedos juntos. No es mucho pedirle. Ya me lo ha concedido y sé que lo seguirá haciendo.