Escrito por: Lizeth Castro/

Que no te cuenten la vida.

Que no te cuenten lo que se siente amar,

ni la horripilante decepción de no ser amado.

Que no te cuenten de la adrenalina pura de hacer lo que te apasiona,

y la frustración de cuando a pesar de tu esfuerzo,  los resultados no son los que esperabas.

Que no te cuenten lo que se siente mosaico a mosaico, construir tu castillo,

o que se te caiga como un juego de naipe, lo que creíste haber construido con materiales irrompibles.

Que no te cuenten lo que es abrazar a un amigo, querer que sea infinita su presencia mientras toman un café;

o el dolor de despedirlo cuando su paso ha terminado acá, para empezar una fiesta divina a la que sólo ella o él ha sido invitado.

Que no te cuenten lo que es reírte con tus hijos,

sus berrinches vergonzosos,

sus besitos infinitos,

mal criarlos dándoles un premio por algo pequeño que es grande para ellos,

darles un beso de buenas noches, para que tu noche tenga magia;

cantarles una canción-espanta monstruos, donde la afinación no es importante;

sentir que ganaste el concurso vos, que obtuviste la medalla, que subiste al podio aunque sea sólo ella o sólo él el que está recibiendo los aplausos;

escuchar donde se te parte el alma con un orgullo incomprensible, cuando se hacen grandes, extienden las alas y se van maravillosamente decididos a cumplir sus  sueños, no los tuyos, los de ellos.

Que no te cuenten lo que es estar vivo,

iniciar el día diseñando genialidades,

o apenas pensando ideas confusas, borrosas que luego se aclaran o se borran (¿qué problema hay con eso?);

o iniciarlo pidiendo fuerza porque no te has levantado y te sentís de rodillas, juntas las manos para orar y la oración la hace tu corazón pidiendo palpitar apenas.

Es que, eso es la vida.

Bienvenidas y despedidas.

Mamás y papás que sellaron con su sangre la promesa de amarnos

y cuando faltan, hay una sensación de que somos huérfanos hasta el día en que nos volvamos a ver.

Esto impresionante llamado vida es una aventura, un don, un regalo.

El mapa no siempre es fácil de leer.

Nos hacemos expertos en hacer lo sencillo, complicado

y en no creer en nosotros mismos cuando Dios mismo cree, confirma, aplaude y certifica tu propósito.

Pero eso es la vida.

El ritmo y la velocidad no importan tanto como la determinación.

Hay muchos milagros y brillo y estrellas y música,

y sé que hay oscuridades, sombras, acechos, emboscadas;

pero todo esto hay verlo, escucharlo, admirarlo, dolerlo, sostenerlo o desecharlo con el alma.

Que no te cuenten nada de eso.

Vivilo, viví el milagro,

la transformación,

el renacer,

la evolución,

la oportunidad,

el morir,

el inventar y el reinventar,

Viví la vida.  Que no te la cuenten.

Acerca del Autor

Soy periodista desde que tengo uso de razón. Siempre me gustó preguntar por todo y escuchar respuestas, incluido el silencio como la mejor en algunos casos.

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