Amor, la vida nos ha traído a este punto donde te veo y sé si estás en estado “No molestar” o si estás “Pasá adelante”. Cuando te despedís rápido, sé que algo tenés entre manos urgente y no necesariamente es la primer reunión del día, pero en tu mente el día amerita apurarse en todo. Ese día caminarás con la idea de que si algo puede ser excelente, no tiene que ser tan sólo mejor y hasta almorzarás con gesto pensativo.
El día avanzará y poco romántica yo, me aguantarás el saludo de cortesía por teléfono para preguntarte si podés pasar a recoger a la hija mayor que sale de clases más tarde o si pasás a comprar algo que necesitamos para cenar. El día estará lleno de pequeños asuntos que resolver, que sumados, son bastantes.
Estás casado con una mujer que cree que hay muchos, demasiados temas operativos que deben ser resueltos con respeto pero no con romanticismo (no es natural a la corredera del día). Entre todo lo que debemos hacer cada uno, hay que sacar el momento para resolver el pago de la luz, el teléfono, internet, el cable, el agua, el kinder, el colegio, la comida, los extras del kínder, los extras del colegio, la tarea de la pequeña, las reuniones de la grande, tu trabajo, mi trabajo, tu orden, mi desorden, tu pensadera, mi practicidad, tus actividades, las mías, tus sí y no, mis talvéz y mis decisiones absolutas, tus espacios solo y mi necesidad de socializar tan importante como respirar.
Pero resulta ser que al final del día, nos veremos a los ojos y aunque estemos cansados nos daremos el abrazo enorme que se dan dos soldados que vienen de la calle, de pelear por sus sueños. Sé que sos mi compañero de equipo al que no le pasa por la mente renunciar y lo celebro como esos momentos hermosos del día que son únicos.
Absolutamente nadie ha tenido la autoridad en la voz que vos tenés para decirme que persiga el éxito impostergable de ser libre, libre para hacer proyectos, para ganarlos y perderlos, para proponerlos y mejorarlos, para hacerlos y deshacerlos, para vivir, vivir con esa libertad. Vos, me lo decís con palabras y lo ejecutás en tu propia existencia.
Tampoco nadie me escucha tantísimos minutos como vos; mi madre lo hacía cuando vivíamos juntitas, yo bajo su ala. La vida ahora me pone frente a tus oídos que no tienen cantidad limitada de tiempo para mí.
Sos una represa incontenible de bondad; podés estar cansado que igual jugás con la chiquitilla y sacás el rato para escuchar a la grande. Tenés sonrisas para todas nosotras y tu voz chineadora sigue siendo mi canción favorita de cada día.
Sos mi amigo. Sí, mi compañero, mi amante, mi yunta, pero sos mi amigo ante todo. Por eso, todos los días decido seguir casada con vos, continuar admirando tu fuerza interior y tu forma de dar pasos. Amarte por completo, hombre incompleto. Declarar insustituible tu mirada y la mía juntas. He decidido seguir casada con vos hoy, como lo decidí ayer y espero decidirlo mañana. Sí, qué bien me siento al decirlo: Sigo casándome con vos todos los días