Por Lizeth Castro
Cuando bajar de peso no es un acto de amor, se convierte en la meta más absurda del año. Me explico: Las cientos de veces que Ana trató de bajar de peso, lo hacía porque se veía fea a sí misma, se sentía mal cuando veía las primas delgadas, se subía a la báscula y odiaba el número que registraba; por último, el doctor le dijo que en menos de un año se moriría y que mejor le firmara desde ya un permiso para usar su cuerpo sin vida para el laboratorio forense de la Facultad de medicina. Todas las veces bajó un poco y volvió a subir mucho de peso luego.
Hoy, Ana es una muchacha que ha perdido 80 kilos. Conversando con ella, concluyo que antes de bajar 5 o 90 kilos, hay que hacer tres cosas infaltables:
1.Un pacto de amor con uno mismo: partir de que es por amor a mí misma –y no a nadie más- que voy a perder ese peso. Amor a mi vida, a mis sueños, a lo que me falta por vivir y desconozco. Amor a gritos por mí.
2. Perdonarme: escuché a una psicóloga decir que cuando alguien se propone bajar de peso y comete algún “error” (comió pan blanco en vez de integral en el desayuno) y no se perdona, está garantizado que dejará el proceso tirado. Si admito que bajar de peso requiere de disciplina y volvemos, de amor, sabré que cuando rompa alguna de las “reglas” que me puso el nutricionista, tendré que reconciliarme conmigo misma lo antes posible; no perder tiempo en la culpa y retomar.
3.Saberme única: Prácticamente nadie baja de peso si empieza a compararse con otros. La báscula mide MI PESO no el de mi vecina que bajó más rápido que yo y tiene otro metabolismo aunque comamos el mismo queso sin grasa y vamos a caminar juntas todas las mañanas 1 hora. Me acuerdo cuando una amiga y yo empezamos juntas un plan nutricional e incluso ella hacía más ejercicio que yo. Nos pesaron y ella ni subió ni bajó y yo sí bajé. Ella, inmediatamente decidió no seguir haciendo nada. Soy única es la frase que debo decirme cuando analice si bajé o no.
Para ser sincera, creo que ninguna de estas tres cosas garantizan que voy a bajar de peso en los meses que planeo. Garantizan que habré alimentado el amor por mí misma, el perdón que me merezco y el disfrute de un proceso de mí para mí. Con ellas, pesará menos eso que tanto duele: la opinión de los demás sobre mí. Con el pacto de amor, el autoperdón y la consciencia de que soy única, se aplasta el poder que le damos a las razones equivocadas para pensar en la salud y además, me sentiré más a gusto con el gozo de saber que ningún desafío puede partir del odio para que tenga éxito y que si inicio en el amor, hay una posibilidad enorme de llegar a la meta.