Por: Lizeth Castro
La corazanada que te está diciendo desde hace rato que algo pasa, no es una voz molesta a la que hay que ponerle un bozal. Es una voz a la que tenés que ponerle un micrófono para escucharla bien. Está cargada de sensibilidad y percibe, como si tuviera rayos ultravioleta, lo que los ojos no están pudiendo captar.
En la locura del día a día a esta voz la metemos en la gaveta con llave, porque suele tener razón en lo que quisiéramos que estuviera equivocada.
Así que, ojos que no ven, corazón que sí siente. Y no sólo siente. Lo decía el francés Joseph Joubert: “La razón puede advertirnos lo que conviene evitar. Sólo el corazón nos dice lo que es preciso hacer”.
Hacéle caso al corazón, a esa voz interior. No reaccionés ya. Eso no es lo que quiere esta voz. Si sentís esta “corazonada”, la mejor forma de agradecerle es poniendo atención a los signos que la vayan confirmando. No reaccionés impulsivamente. Irás poco a poco recabando información y prueba, de forma inteligente. Luego tomarás una decisión. La decisión correcta jamás te llevará a la destrucción sino a la transformación y los procesos transformadores son poderosos.
Ojos que no ven, corazón que sí siente. Y el dueño de esos ojos y de ese corazón sos vos. Usá este poder, no lo desperdiciés.