Por: Lizeth Castro

Dice un dicho que “el que se quemó con leche caliente hasta los helados sopla”.  El temor de que me pase lo mismo que ayer, que me dejen como ayer, que me abandonen, que me ignoren, que me duela como ayer, hace que hoy sea un día que dependa, injustamente de lo que pasó ayer.

Me imagino que el HOY y el AYER son dos hermanitos, pero el preferido de la mamá -que sos vos- y del papá -que seguís siendo vos-, es el AYER. Qué injusto para el HOY, sólo por ser más jovencito y menos experto que el otro, le han arruinado todas las vivencias maravillosas que estaban ahí para él. “Usted quédese callado Hoy,  que el Ayer está gritándome muy duro”, le decís y él agacha la cabeza porque vos tenés total control sobre él.

La conciencia de que estás prefiriendo al ayer por encima del hoy, tenés que tomarla ya.  Y ojo porque todavía peor si preferís el ayer no con amor ni con gozo, sino con miedo, con terror, con ojos de lástima, con resignación y quejas.  Qué pesar si tenés claridad a los 96 años de que viviste a medias el hoy por temor a que te pasara lo de ayer.

La palabra HOY es tan poderosa que me imagino frases que se hacen mágicamente realidad si las pronuncio en cualquier momento del día y despierto a ese HOY:

-Hoy es un día nuevo

-Hoy el sol me calienta el cuerpo

-Hoy el día está helado

-Hoy abro mi sombrilla

-Hoy saludo al amor y me le presento

-Hoy abrazo

-Hoy beso

-Hoy es distinto a ayer

-Hoy me amo

Te lo dejo acá.  Vos agregá tus frases, pero que empiecen con HOY porque si no, a nadie, excepto a tu propia lástima, le interesarán.

 

 

 

 

Acerca del Autor

Soy periodista desde que tengo uso de razón. Siempre me gustó preguntar por todo y escuchar respuestas, incluido el silencio como la mejor en algunos casos.

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