Mi amor, no hay duda, el tiempo pasa y cada segundo se me hace eterno. Pero claro, si esa tos necia no te deja dormir ni a vos, ni a tu papito ni a mí.  Y yo siento que es a mí a quien le duele la garganta, que se me raspa el alma cada vez que tosés, y me hago un puño cuando las flemas quieren molestarte y hasta te sentás en la cama.  Entonces, me hago la fuerte y digo ¨Qué dicha que botás flemillas, excelente!¨, y te siento más tranquila con mis palabras.   Aparte de que en ese justo momento, tu héroe se va raudo y veloz a la cocina a traerte un poquito de miel para que probés algo dulcito que te ayude.

Ya vamos contando dos noches con tos mi vida y todo esto me recuerda a cuando vos eras bebé. En aquel momento el tema era otro:  llorabas como descosida sin decirnos qué pasaba porque cada lágrima era una palabra que no sabías prounciar. Claro, no sabíamos que ibas a salir tan hablantina y por supuesto la cantidad de lágrimas, prácticamente ininterrumpidas durante muuuchos pero muuuchos minutos,  era bondadosa.

Ay mi vida, ya tenés 4 años pero sigo bendiciendo cada noche en que te pongo la pijama, te doy un beso, le damos gracias a Dios por el día (y vos durísimo decís “Aaaménnn”) y yo quiero comerte de nuevo a besos como si no hubiera un mañana..y es que no sabemos si habrá un mañana y lo que tenemos es hoy, este momento, sin sello de garantía de que estas noches se repetirán 500 o 1000 o 17 mil veces más.

La tos ya va cediendo.  El cuerpo es sabio pero el corazón lo es aún más y algo me dice que de esta ya casi vamos a salir.

Te amamos sin que un solo segundo lo dudemos.  Hablo por tu papá al que estos dos días he visto tomando cafecito, para ayudarse a despertar.  Hablo por tu hermanita mayor y por la del medio, que te vuelven a ver y se dejan decir “¿Por qué habla tanto? Eso no es normal!”, jaja.  Hablo por el universo que aplaude tu existencia, con tos o sin tos, con noches perfectas o noches desveladas.  Gracias por existir.

Acerca del Autor

Soy periodista desde que tengo uso de razón. Siempre me gustó preguntar por todo y escuchar respuestas, incluido el silencio como la mejor en algunos casos.

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