Cuando toqué la puerta, salieron primero el par de nietitos: él, de unos 6 años, colochito, morenito con un alegre ¡Hola! para nosotros; ella, de unos 3, carita redonda, ojos negros preciosos hablantines, sonrisa grande, estaba descalza. Su abuela venía detrás. Al verme con un micrófono y con el camarógrafo a la par mía, la señora de unos 50 años, reaccionó : “¡No sabía que iban a venir tan temprano! Bienvenidos, pasen”. Nos encontrábamos ahí porque ella estaba a cargo de sus nietos, tras el asesinato de su hija hacía un año y medio. Quien asesinó a la joven era el ex compañero. El relato es verdaderamente conmovedor: Justamente un Día del Padre, Leonela caminaba para ver un partido de fútbol cargando en brazos a sus dos hijos, cuando se toparon de frente con el hombre; él la apuntó con el arma, a ella le dio tiempo de poner en el suelo al hijo pero aún cargando a la niña, el tipo le dispara. Ambas caen. La madre lo hizo sin poder levantarse. En el suelo recibe dos disparos más.
18 meses después, estamos en la casa de la abuela que queda a cargo de los nietos. Hacemos un reportaje sobre los deseos que trae la época navideña en algunos hogares y en este hay varios trascendentales. El primero de ellos me lo dijo con estas palabras: “Quiero no sentir odio. Todas las noches cuando ya los chiquitos se durmieron y todo está callado, lo siento. El se suicidó, pero a veces quisiera que estuviera vivo para preguntarle por qué fue tan malo y quisiera hacerlo pagar por esto. No quiero sentir tanto odio. Eso no me va a traer acá a mi hija. Cómo puedo no sentir odio, es terrible”. La señora se queda callada, baja la mirada, se tapa la cara y se pone a llorar suavecito, como para que los nietos, que ahora están en el cuarto de la par, no escuchen que ella llora y que siente eso que la consume todos los días y le dibuja las ojeras tan visibles en su rostro.
Las paredes de la casa son de madera y el piso es viejo. Es Nicoya y se siente mucho calor. La abuelita continúa: “Esto es muy duro. Aquí yo alquilo. Ya me pidieron esta casa porque tengo dos meses de no pagar. Yo le pido a Dios que me dé una casita para que ni yo ni ellos andemos rodando, pero entiendo que es pedirle muy rápido eso a El y que hay que pedirle con tiempo las cosas; hay gente que ha esperado más que yo por una casa propia, pero yo le digo que me dé la casita cuando El diga, ojalá pronto, pero tampoco se la exijo porque talvez es muy rápido pedirle eso”.
En ese momento, aún no le puedo dar la noticia que nos tiene ahí: “Tenemos una casa nueva para usted y sus nietos”. Sólo acato a decir después de morderme la lengua: “Talvez no sea muy rápido para Dios. Talvez sólo hay que pedirle y usted ya le pidió”. Me insiste: “Sí, pero es muy rápido pedirle eso. No creo que El me lo dé, aunque talvez sí. El tiene un tiempo para todo y hay que saber esperar”.
La semana siguiente regresamos. Los subimos en una buseta y paramos frente a su nueva casa. Ahora sí le puedo dar la noticia. Parada frente a la puerta, la abuelita se agarra la cabeza y esta vez llora pero no sé por qué siento el llanto más intenso que el de días atrás. Esta vez no para y llora muy duro frente a los nietos, a los vecinos, a los curiosos, a nosotros, frente al mundo entero, nada le importa, llora porque todo esto es mucho para ella: el dolor está fresco, su hija no está para decirle ¡Mamá tenemos casa! , el odio no desaparece, la casa es muy linda y por Dios, llegó más rápido de lo que imaginaba, más mucho más más rápido.
El tiempo de Dios es así. A veces creemos que las cosas se nos dieron muy rápido o a veces creemos que están durando demasiado; es simplemente, el tiempo de Dios. Mi abuelita murió a los 100 años y dos meses y mi bebé murió a las 13 semanas de gestación. ¿Muy rápido? ¿Muy tarde?. Es el tiempo de Dios. No lo tratemos de entender. Es el tiempo de Dios y las hojas en el viento se mueven en su tiempo y las casas nuevas y los hijos y la vida y la muerte, todo esto se da y se quita en el tiempo de Dios.
La abuelita sigue viviendo en la casa que se le dio a ella y a sus nietos…en el tiempo de Dios.
18 comentarios
Dicen que a Dios no hay que entenderlo a Dios hay que aceptarlo y punto el no se comprende solo nos ama porq se le dio la gana. Apesar de las duras pruebas por las que atravesamos Dios llega siempre a tiempo, solo que nuestro ojos humanos aveces no lo pueden ver. Prueba de ello es que todos los dias amanece para nosotros, cada amanecer es una esperanza de que Dios esta ahi y que su tiempo es perfecto.
Gracias por recordarnos que aun existe gente generosa que mucha falta nos hace. Dios te bendiga
Excelente artículo, excelente punto de vista. Lo importante es que entendamos que en nuestra relación con Dios, Su tiempo para las cosas y circunstancias “siempre” será el más adecuado para nosotros. No debemos sentar a Dios en el banquillo para juzgarlo cuando algo no sale como nosotros queremos, en el tiempo que queremos que suceda. Sus caminos son muy distante de nuestros caminos, así como sus pensamientos son muchos más altos que nuestros pensamientos, pero una cosa es segura: ÉL nos ama con amor eterno, su mayor placer es amarnos (Miqueas 7:18). PROCLAMAR LA FIDELIDAD DE DIOS ACALLA LA INSATISFACCIÓN.
Sos una persona inigualable y una excepcional escritora….gracias por darme animos cuando más loa necesito Dios te bendiga Lizeth!
Que linda historia me hizo llorar al imaginar e dolor que podía sentir esa abuelita y x los dos niños ya que yo tengo un bebe ME IMAGINO QUE DURO pero gracias a Dios xq ahora tienen casa.
He leído esta historia mientras voy en el autobús y me fue inevitable contener las lágrimas… es cierto muchas veces no entendemos que el tiempo de Dios es tan perfecto como él, se trata de tener fe y confianza en honor a su nombre. Justo e inesperado,así actúa el tiempo de Dios; como una grata y celestial sorpresa. Felicitaciones Lizeth por tus excelentes aportaciones !!!…
Dios hace las cosas, pero El tiene su razón. No lo entendemos, si así fuere no sería Dios. Por tanto, debemos aceptar su Santa como sus hijos amados, sin refunfuñar y con obediencia.
Esto es tiempo de Dios y para Dios no hay tiempo..!
Ésta historia es la prueba fehaciente de que el tiempo de Dios no es el nuestro, cuesta comprenderlo o quizás nunca lo entendamos. Creo que lo que debemos hacer ante las pruebas que la vida nos da es pedirle a Dios aumente nuestra fe y abandonarnos en El y depositar toda esa carga que nos roba la paz. El poder de Dios es inimaginable, sólo debemos creer. Lo que cuesta es dejar de dudar…cómo humanos imperfectos que somos.
Ésta historia es la prueba fehaciente de que el tiempo de Dios no es el nuestro, cuesta comprenderlo o quizás nunca lo entendamos. Creo que lo que debemos hacer ante las pruebas que la vida nos da es pedirle a Dios aumente nuestra fe y abandonarnos en El y depositar toda esa carga que nos roba la paz. El poder de Dios es inimaginable, sólo debemos creer. Lo que cuesta es dejar de dudar…cómo humanos imperfectos que somos.