Pauilta no paraba de sonreir, por fin tenía el muñeco de peluche que tanto deseaba, Gustavito no cabía de asombro, le parecería fabuloso tener su propio  carro para jugar, Luisito no soltaba la bola de fútbol y ya pensaba en ir a jugar con sus amigos y Stefanie, la pequeña Stefanie de tan solo tres años de edad, no dejaba de abrazar y  mirar con ternura, aquella muñeca que sostenía en sus brazos.

Ellos fueron parte de los 250 pequeños de Pocoyoapa de San José de Upala y de Río Naranjo de Bagaces que tuvieron una fiesta navideña el pasado 6 y 7 de diciembre.

Esta iniciativa se llevó a cabo gracias a Mauricio Campos, un odontólogo que precisamente hizo, hace veinte años, su servicio social en esta zona y se dijo: “algún día volveré aquí”,   y regresó con la idea de lograr que estos niños tuvieran su mejor sonrisa, aunque para esto, no necesitaría de ningún instrumento dental de los que suele usar en su consultorio.

Esta vez, Mau como le llaman algunos de sus amigos, pidió ayuda y colaboración y sí que la tuvo, “esto yo lo resumo en las palabras, amor al prójimo, amor que nos permitió darle a cada quien un regalo, pero además, comida, manzanas, uvas, confites, hasta helados y no faltaron las piñatas”.

Mauricio destaca la ayuda de muchos, pero particularmente de su esposa Fabiola, quien estuvo con él en esta hermosa aventura, y que no dudó en hacer lo que hubiera que hacer para lograr la felicidad y alegría de tantos niños.

La empresa Brinkapekes le dió un inflable y los servicios de animación del payaso “cachirulo”, “estos pequeños ni siquiera tenían idea de lo que era un inflable, puedo decir que pocas veces, tal vez ninguna durante el año, los niños y las niñas de estos lugares, tienen una fiesta y  nunca habían visto un payaso amenizando” agrega Mauricio.

La alegría visitó estos cantones que parecen olvidados, y donde impera mayormente la pobreza, los recuerdos son muchos, sino que lo diga este dentista josefino quien no duda en decir que estará ahí el próximo año, “claro que regresaremos, y esperamos la ayuda de muchos, los que deseen ir, pues vámonos, para vivir cosas realmente hermosas, como cuando le dimos un peluche a una niña con síndrome de Down, ella fue corriendo hasta donde yo estaba y me abrazó con una intensidad y un cariño que no puedo describir, solo  sé que hasta las lágrimas se me salieron, por momentos como ese, definitivamente todo esto valió la pena”.

Acerca del Autor

Soy periodista desde que tengo uso de razón. Siempre me gustó preguntar por todo y escuchar respuestas, incluido el silencio como la mejor en algunos casos.

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