Ahí están ella y él en una cafetería cerca del parque La Sabana, es sábado y son cerca de las diez de la mañana, acaban de salir de un consultorio médico y recibir una noticia con respecto a la que sería, tras ocho años de casados, la primera hija de ambos.
En la mente de Dafne y de Leonardo aún retumban las palabras que acaban de escuchar y que provocan lágrimas. Eran tantas las ilusiones que ellos y sus familias se habían hecho. Pero lo que dijo la doctora fue contundente y ahora se imponía la realidad, habían pasado seis meses del embarazo pero: “en las próximas cuarenta y ocho horas a la niña hay que sacarla”
Leonardo nos comentó lo que hicieron inmediatamente después: “estábamos sumamente conmocionados, nos fuimos a la iglesia del Perpetuo Socorro, que está en Sabana Sur, y le dijimos a Dios que le entregábamos esta situación, que nuestra hija era un regalo de él, que apenas nos daban el 50% de posibilidades de que naciera, pero que nos aferrábamos a eso”.
No había tiempo que perder, era una lucha contra el tiempo, Por eso lo único que recomendaban era que intentaran el nacimiento en un hospital público porque si al final tendrían que utilizar la única ambulancia de neonatos del país, que pertenece al sector público, no podían perder minutos pasando la bebe de un hospital privado, como se habían preparado ellos, a uno público.
Al interrumpir el crecimiento en el vientre nadie podía asegurar las condiciones físicas que tendría la niña pero eso quedaría para después, ahora la prioridad y necesidad era una, sacarla viva.
Y así fue, Dione Valeria llegó a este mundo, aunque al ser un bebé prematuro, los pronósticos seguían siendo muy reservados, pesó kilo y medio y no se movía. “Gracias a Dios nació pero cuando nació nadie nos decía nada, es difícil decirlo pero, mi hija era como un trapito tendido, no parpadeaba, ni siquiera podía alimentarse por la boquita, hubo que ponerle una especie de valvulita en el estomago para alimentarla por ahí“ dice Leonardo,
Entonces había muchas preguntas sin respuesta, no se sabía si la niña podría caminar, si tenía alguna enfermedad cerebral, si iba a poder alimentarse por la boquita, lo único que sus padres veían era que muchos especialistas valoraban a su hija y cada uno, ante el cuadro que tenían ante sus ojos, daba su diagnóstico.
Entonces Leonardo y Dafne tomaron una decisión, hacer lo que ellos podían, “luchar” junto a ella. Dos meses después escucharon las palabras de un doctor que fueron como música para sus oídos: “ustedes son unos padres comprometidos con su hija, los tratamientos y cuidados siguen, pero se la pueden llevar para su casa”. “Teníamos temor de todo, de sacar o meter una sonda por ejemplo”, agrega hoy el feliz padre al recordar lo vivido.
El próximo 23 de mayo Dione Valeria, cumplirá dos añitos, en el facebook de su padre Leonardo Retana se pueden ver las fotos. Es cierto que los procesos y valoraciones médicas continúan, y nadie sabe qué pasará, pero definitivamente ella ha demostrado ser una niña valiente que ya es un ejemplo de superación y lucha.
Sus padres tienen claro cuáles han sido las llaves que abrieron y abren a diario las puertas de la felicidad con su hija: “La oración, la fe, el acudir a Dios pero no quedarse solo ahí, hay que trabajar diariamente, hacer lo que se pueda, hay que pedalear, porque pueda ser que no se sepa adonde va uno pero si seguimos pedaleando de seguro que avanzaremos. El proceso de nuestra hija es impresionante, su evolución es sorprendente, nos habían dicho que no sabían si quiera si iba a poder caminar y hoy hasta practica natación, por eso y más ella sin duda es un milagro”.