Sentados en una soda donde las únicas famosas son las ensaladas de frutas, repasamos los 49 años de vida que llevan juntos mis papás. Lo hacemos ahí, porque así lo pidieron. La idea era ir a un restaurante bien lindo, digno de celebrar este triunfo del amor, pero ellos nos dijeron a los hijos que la noche estaba muy linda y ordenaron sutilmente con la firmeza de sus 86 y 83 años de edad: “Queremos ensalada de frutas de esa soda”.  Quise tomarles foto y mi mamá me dijo “Si es para esa vagabundería del Facebook, no”, y claro que quería presumir del amor de ellos porque mi ADN lo tiene incluido y es un lujo, pero no pude, ella no me dejó.

Esos dos viejitos están en el top de mi  lista de “influencers”.  Son sobradamente las personas a quienes sigo, mis influenciadores. Y me llama la atención porque son claves en mi vida aunque están lejos de aparecer en la lista que publica la revista Times de las 100 personas más influyentes.

¿Quiénes aparecen?  Y aquí pego un brinco cuando leo: Kim Kardashian. ¿De qué me puedo estar perdiendo al ignorar en mi vida a la Kardashian?.  A ver:  tiene más de 24 millones de seguidores en Facebook y más de 30 millones en Twitter, pero dicen los expertos que eso no la hace especial.  Vive tomándose selfies e incluso tiene un libro con ellos y se ha vendido como pan caliente. Resulta que ha sabido extender “su marca personal” arrodillando a sus pies a los diseñadores de moda más destacados del mundo.  El maquillaje que usó el día de su boda se agotó en el mercado en cuestión de horas y le pusieron de nombre a su hija “North West”. Con esto último voy a que alguien a quien le importen los demás jamás le haría eso a su hija. Pero Kim y su marido tienen licencia hasta para hacerle eso a su beba provocando gestos de “qué vacilón nombre” y hasta ahì.

País donde Kim está, están los fotógrafos (y algunos Presidentes han ido a recibirla al Aeropuerto) y la cantidad de flashes se triplica si está con su marido. La reina del “Clan K”, junto con sus hermanas tiene su propia línea de productos para el cabello, una colección de ropa infantil, ya dijimos  que un libro con sus selfies y una App donde quien la baje puede ser parte de su “pandilla” tan exclusiva en la vida real y tan accesible en la virtual.  Desorbitantemente loco.

Vuelvo a la soda con la ensalada de frutas, donde mi madre no me deja tomarle una foto porque sabe que la voy a subir a esa “vagabundería del Facebook”. En privado, celebramos el Amor, el único que puede influenciar al mundo para salvarlo de su propio odio. Pero no son noticia mis papás. Los influencers de millones son la Kardashian y su marido, que no pueden salir a la esquina sin que alguien registre su respiración ni son tan libres para elegir una soda donde celebren su fama.

Acerca del Autor

Soy periodista desde que tengo uso de razón. Siempre me gustó preguntar por todo y escuchar respuestas, incluido el silencio como la mejor en algunos casos.

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