En el programa de televisión en vivo que teníamos, cada día había 5 ó 6 testimonios de personas que nos hablaban de su vida y de sus luchas.  Esta señora jamás se me olvidará.

Como siempre, en un momento, nos fuimos a un corte comercial y empezamos a acomodar a las personas que ya venían al aire en el set.  Esta señora venía con su hija.  La niñita tendría unos 10 años y estaba en silla de ruedas.  No hablaba, la cabeza se le movía de manera involuntaria y había que limpiarle la boca para que el estrés no hiciera que la saliva se viera tan abundante. Los ojitos le bailaban como buscando un punto fijo y de la emoción movía las manos sin control.  Su madre nos venía a decir que la vida es hermosa.  Que lo que no tenemos, no se necesita. Que tenemos todo para ser felices.

Subiendo al escenario, se me acerca y me pregunta ¿Cuánto va a durar la entrevista con nosotras dos?.  Yo veo el reloj y ella me ve a mí. “Unos 10 minutos quizá” le respondo pendiente de que ya se acababan los comerciales e íbamos al aire. Ella ve el tanque de oxígeno al que está pegadita su hija y me dice con una sonrisa:  “Ah perfecto. Entonces no le cambio el tanque. Es porque si dura mucho más,  mejor le pongo el que está más cargado, pero este aguanta. ¿Adónde nos acomodamos?” me preguntó y yo me quedé muda viéndola.  Muda porque yo pensaba en el reloj, en el programa, en el guión, en la prisa, en todo lo intrascendente.  Muda porque ella pensaba en el básico requerimiento del oxígeno que necesita su hija.  Muda ante la sonrisa de madre e hija con el tanque a la par de la niñita y sus ojitos buscando algo que no terminan de encontrar, pero felices, inquietos y felices.

Ese día aprendí esto:   los que somos bendecidos porque respiramos sin tanque de oxígeno, no nos damos cuenta.  Buscamos el milagro, la oración convertida en hechos, lo espectacular, lo maravilloso, lo extraordinario. Lo buscamos afuera de nosotros mismos. Entonces, nos olvidamos que un primer milagro sucede sin que nos demos cuenta:  respiramos sin tanque de oxígeno.

Desde ese segundo jamás me volví a hacer la pregunta ¿Qué de maravilloso ha pasado hoy en mi vida? Porque la respuesta está suave, rítmica y perfecta en mi respiración.

Si dudás de que sos una persona bendecida, quedate un minuto escuchándote respirar. Te darás cuenta que el milagro está ocurriendo justo en ese mismo instante.

Acerca del Autor

Soy periodista desde que tengo uso de razón. Siempre me gustó preguntar por todo y escuchar respuestas, incluido el silencio como la mejor en algunos casos.

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