Acostumbrados a una rutina, amarrados a un plan, sometidos a la rigidez de pasos predefinidos para ejecutar un proyecto, nos podríamos estar perdiendo de la maravillosa experiencia de desviarnos en el camino.  Me explico:

El desvío del que hablo es la señal  en la esquina de una calle, que le dice al turista que resultaría interesante no seguir recto por ahora, sino desviarse a la derecha, dar una vuelta conociendo otras casas, admirar lo que está al lado de la pista, en la periferia  y luego volver al camino.  Y he aquí lo interesante:  ese desvío no pondrá en riesgo  un propósito, en este caso el de conocer, sino que lo alimentará.

Cuentan las noticias, que una mañana el Papa Francisco iba camino a la Parroquia de Tiburtina, como estaba escrito en su agenda del día. En un instante y repentinamente le pide a sus asesores que paren.  Les solicita hacer un desvío y cuando él indica les pide de nuevo detenerse. Se baja del carro.  Entra a un barrio rodeado con latas de zinc,  donde viven unas 150 personas en pobreza, un porcentaje importante son latinos y de ellos la mayoría sudamericanos.

El entra al barrio y los pobladores empiezan a asomarse “Es Francisco, el Papa Francisco” y en segundos, una masa de gente admirada se agolpa alrededor de él.  El Pontifice  les habla, abraza a los niños (a una mamá le pide permiso para saludar de beso a un bebé), algunos vecinos aplauden, todos sonríen y finalmente rezan el Padre Nuestro dirigidos por el Papa.

Francisco se retira y retoma el plan inicial.  Su desvío enriqueció su trayecto, confirmó su misión y sin duda le llenó el alma. Hay que celebrar los desvíos que nos confirman que vamos por buen camino;  hay que aplaudir ese paso que no estaba pero que nos ayuda a abrir la mente, esa conversación no planeada que nos ilumina,  esa ruta que no habíamos notado y de pronto hace más interesante la travesía.

Atreverse al desvío, sin perder el propósito, es el gran desafío.

Acerca del Autor

Soy periodista desde que tengo uso de razón. Siempre me gustó preguntar por todo y escuchar respuestas, incluido el silencio como la mejor en algunos casos.

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