Un accidente cambió su vida

Cerraron la puerta de la casa contentos y tomaron el carro rumbo a Orotina por “la 27”. Ella nunca imaginó que regresaría a su hogar dos meses después, convertida en un milagro viviente.

Una microbús chocó de frente contra el carro donde viajaban su esposo Giovanni Solano Corrales, quien conducía, su hijo Axel, -de 17 años-, en el asiento trasero y Xiomara Villalobos Ulate en el sitio del acompañante. Ella quedó prensada entre fierros y cables con una pierna desecha.

Familiares y amigos al escuchar y ver la noticia pensaron lo peor. Cuando la vieron convaleciente, se horrorizaron al ver la radiografías, los pines expuestos que sostenían su extremidad y se asombramos cuando a punta de fe, empeño y disciplina, ella se levantó de la silla de ruedas, dejó la andadera y volvió a caminar ocho meses antes del pronóstico médico.

Y así lo cuenta esta sobreviviente:

“Fue el Domingo de Ramos, era 13 de abril del 2014. Íbamos de paseo a Orotina por la ruta 27, pero nunca llegamos. Mi esposo manejaba. Yo revisaba los rótulos de la carretera y los mensajes que enviaban nuestros amigos para llegar al sitio. Eran las 8:45 de la mañana y el tráfico no era denso.

A la altura del kilómetro 16, bajando la cuesta en curva, oí a mi esposo decir ¡nos van a dar!. Cuando levanté la vista, un gran carro se nos vino encima y al esquivar el golpe nuestro carro quedó de lado. Yo me aferré a la manigueta y cerré los ojos. Dimos vueltas y terminamos en la cuneta a muchos metros del impacto. Al abrir los ojos, sentí el dolor y la presión más grande que hubiera sentido jamás. Llevé la peor parte.

Mi esposo estaba en ‘shock’ y pedía a gritos ayuda para  mi hijo y para mí. Todo fue muy rápido y se ponía negro poco a poco. Al no escuchar a mi hijo y al ver que mi esposo lo llamaba desesperado y no contestaba, me mantenía angustiada y conciente. Yo estaba prensada entre las latas retorcidas y así permanecí más de veinte minutos hasta que los paramédicos y los bomberos, lograron liberarme con mucha dificultad. Ya en la ambulancia, me sedaron y vagamente recuerdo cuando me ingresaron por una gran puerta a un hospital”.

“Mamá está muy delicada”

Ese era el parte médico que daban sus hijos cuando los amigos cercanos llamaban para saber detalles. Su esposo Giovanni y Axel, el hijo que iba con ellos en el automóvil, solo sufrieron golpes y escoriaciones. “Para lo que fue, en mi caso las lesiones fueron pocas, pero significativas: fractura expuesta de fémur en dos partes desastilladas y fractura de tibia y peroné. Fractura en cuatro de mis costillas del lado derecho del tórax y golpes y escoraciones múltiples en cara, brazo derecho y trauma respiratorio. Yo no me imaginaba aprendiendo a caminar de nuevo y aprendiendo a hacer mi vida otra vez.”.

Xiomara fue atendida en tres centros médicos: el México, el Calderón Guardia y el Hospital del Trauma. Pasó alrededor de ocho semanas entre diagnósticos operaciones y una dura incorporación a la casa. “Llevé la peor parte, pero me alegro. No soy masoquista, ni nada por el estilo, pero si les hubiera ocurrido algo a mi marido o a mi hijo, no sé cómo me sentiría. Todos estos meses desde el accidente han sido de aprendizaje y dolor. Estoy convencida de que Dios en su infinita misericordia, me dio una segunda oportunidad. Ahora trabajo duro en saber cuál es el propósito de todo esto, y lo hago poco a poco, sin prisa”.

Desde el accidente, hasta el 6 de mayo, fecha en que regresó a casa fueron muchos días de dolor y angustia. El retorno al hogar fue difícil y angustioso porque las casas no están acondicionadas para atender a un paciente con serias lesiones físicas y muy delicadas de tratar. “El tratamiento inmediato salvó mi vida. El esfuerzo del personal fue enorme, estuve bien atendida, trasfuciones, exámenes, decenas de placas, ultrasonidos, resonancias, terapia respiratoria… Ya en casa la terapia continuó por meses. Los médicos dijeron que pasaría un año antes que pudiera caminar. Necesité cama de hospital en casa, curaciones a diario, terapia para empezar a mover mi pierna, traslados en ambulancia a citas de control, a fisioterapia del hospital en silla de ruedas primero, en andadera después y por último el bastón, pero gracias a Dios no fue un año, solo me llevó cuatro meses volver a caminar, con ayuda, voluntad y la fuerza de Dios. Sin embargo, el accidente cambió nuestras vidas de muchas formas.

Al principio, porque mi tratamiento vino a alterar la rutina de todos y cada uno de mis cinco hijos y mi esposo, eso sin contar con estas cosas resultan muy costosas y no todos los seguros cubren lesiones tan serias. Pero algo que me regaló esta experiencia fue comprobar que somos una familia unida, que somos un equipo y que estamos juntos en las buenas y en las malas.

Es difícil sacar algo bueno de tanto dolor, pero estas cosas le cambian a una la forma de ver la vida y de ver la muerte.

El accidente me enseñó a vivir despacio, a no correr. A apreciar las maravillas de lo pequeño y cotidiano. Desde levantarme por la mañana, hasta poner la cabeza sobre la almohada por la noche. A dar gracias por cada segundo de vida. A que hay que estar preparados para que todo cambie de un segundo al otro y adaptarse.

Hay quienes piensan que estas cosas no les pueden ocurrir. Yo era una de esas. La vida es un don precioso. Ahora soy una persona muy cautelosa y estoy segura de que somos muy vulnerables.

Hoy por hoy tengo planes para mi futuro, disfruto de cada pedacito de día y esta es la mayor lección y la mejor aventura es vivir para contarlo”.

¿Manejar el dolor físico intenso?…como todo en la vida, con una actitud positiva y fortaleza de caracter. Pensar en que pasaría en algún momento, pidiéndo fuerza de lo alto y tratando de descansar en la fe de que todo iba a estar bien.

El apoyo estaba en la familia,en mis hijos,mis hermanas y hermanos, en las vibras positivas de mis amigas y amigos. Me hubiera encantado tener el abrazo de una madre o de un padre en esos momentos críticos de mi vida, pero ellos aunque vivos aún en esta tierra, no podían hacerlo porque se encuentran perdidos en su altzheimer y demencias asociadas a la vejez.

Pero la organización fue increíble, les contaba de los ángeles! uno de ellos fue una de mis nueras que estudió enfermería, planificó horarios de medicinas, enseñó a mis hijas a inyectarme, viajó por días de días desde San José centro hasta mi casa en San Rafael de Coronado a bañarme en la cama y a hacerme las curaciones, mis hijas aprendieron rápidamente y luego quedé en sus manos. Mis hijos mayores venían después del trabajo a hacerme compañía, mientras que una de mis hijas iba a la universidad a terminar su último año. Tener una familia fue una bendición y ser madre lo más grande y maravilloso que me ha pasado.

A un año del accidente hay mil cosas que agradecer, la primera estar con vida, la segunda agradecer por la familia y los amigos y después cada día agradecer por la capacidad de asombro ante las cosas de la vida. Agradecer por el sol, el viento, el silencio, por la algarabia, por las sonrisas, los colores, los sabores, las hojas verdes y las secas, por la lluvia, las flores…ves son miles de cosas magníficas por las que hay que dar gracias y asombrarse por cada  una de ellas.Creo que estas experiencias te abren los ojos a vivir una segunda oportunidad y de una mejor manera, te enseñan a crecer como ser humano. Es verídico aquello de que todas las cosas que pasan son para nuestro bien…las buenas y las no tan buenas, definitivamente. Todo tiene un propósito en la vida!

La recuperación…si,  casi milagrosa, pero los milagros los logramos nosotros mismos con nuestra actitud. Somos capaces de eso. Pasa que muchos a veces no lo creemos! y si no creés con el corazón y la fuerza del alma, no lográs nada.

Que si no hubiera sido una guía Scout, no lo hubiera tomado tan bien?…probablemente no! Nuestra filosofía si se quiere llamar así, yo le llamo escultismo, te enseña a ser fuerte, a adquirir caracter de cada experiencia, te enseña a confiar en vos misma, a sonreír a pesar de los problemas, a no desanimarnos, a valorar nuestras capacidades, a levantarnos tras las caídas, a combatir sin temor a las heridas y a trabajar sin descanso por lo que queres con el corazón. Creer en esto fue medular y sobre todo creer en que Dios está junto a vos en cada momento de tu vida. Definitivamente ser Guía Scout me ayudó a superar la prueba…aprendés a ver los problemas como retos a superar.

Después del accidente sigo siendo yo misma, solo que veo la vida a través de otro cristal…la valoro más, me encanta sentirme viva, reír a carcajadas, disfrutar de lo que tengo…lo que no tengo no hace falta. Amo más, trato de dar más de mí. Disfruto cada cosa que hago y agradezco más que antes por las cosas que me llenan de alegría, y también por las que me causan tristeza… hasta la tristeza suele ser más llevadera si la ves con ojos de mañana será un mejor día.

El 2016…es solo un número, un trozo de tiempo con un nombre propio. El tiempo es lo que sobra, vida no hay tanta. Al 2016 no le pediré nada, exigiré más pero de mi misma. Por esta razón espero en este período que recién comienza, vivir al máximo, ser una persona de confianza para mis seres amados y mis amigos, tratar de ser mejor persona,de esforzarme más, compartir, y seguir siendo yo misma, así media atarantada y despreocupada…porque vida solo una y oportunidades de vivirla dos veces no tantas…aunque yo me haya sacado la lotería viviendo mi segunda oportunidad.

Consejos para sobrevivientes!

Agradecer por la segunda oportunidad cada día y vivir al máximo y positivamente el tiempo que quede.

Enseñar a los hijos a amar la vida, a cuidarla, a no contaminarla, a ser personas agradecidas por lo mucho o lo poco que tengan. A ser seres de luz en las tinieblas y a quererse y querer a los demás. A vivir despacio a no correr. Para los que piensen que estas cosas no les va a suceder,que lo piensen dos veces, solo tenemos que estar vivos y una cosa terrible como esta puede pasar en un abrir y cerrar de ojos. Cuiden sus vidas por favor y las vidas de las personas que aman.

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