Monserrat Del Castillo, en su castillo

Monserrat Del Castillo habla sobre sus operaciones y el amor propio

La princesa de este cuento no cree en príncipes azules. Ha tenido un espejo que le ha gritado, grosero, que ella no es la más bonita y ha encontrado ayuda para darse cuenta que no hay implante que llene los vacíos del corazón.

Ama sus tacones, es extrovertida y si llama la atención, está bien.  Es la primera en levantar la mano cuando detecta que ha cometido un error y con el tiempo aprendió a perdonarse para poder crecer.

Monserrat Del Castillo tiene 27 años y la única opinión que le importa es la de su círculo de no más de 7 personas a las que les presta verdadera atención. La lista la encabeza su abuela, la mujer que siempre ha visto belleza detrás de la belleza de su nieta, desde que nació.

La joven presentadora del programa “De Boca en Boca” de Canal 7 tiene padre español y madre tica. Criada en el puro San Sebas, un barrio al sur de la capital ha aprendido a tener piel de cocodrilo para que la opinión de muchos que no la conocen, no la afecte. Y de veras, es así.

Espejito, espejito

La bronca con el espejo empezó desde jovencita.  El divorcio de sus padres lo vino a pagar la comida.  Monserrat dejó de comer;  tragaba tristeza y se llenaba con ella. El trago amargo fue poco a poco superado pero a los  18 quiso entrar en una academia de modelaje donde le dijeron que sin implantes no calificaba.  “Ahí empezó una obsesión en mí. Me hice una lipo para acinturarme más, también un implante de pechos, me inyecté los labios. Agarraba todas las máquinas, la de adelgazar, la de alzar nalgas, todas…me obsesioné”, confiesa.

A todo esto, seguía un vacío terrible en su corazón. Las salas de cirugía no operan el alma.

“Un día un novio me dejó. Fue un golpe al ego, terrible. A mí nadie me deja, pensé. Mucha falta de humildad la mía en aquél momento.   Entonces corrí donde el cirujano y le pedí que me hiciera todo lo que me pudiera hacer. Lo que me dijo fue que yo lo que ocupaba era un psicólogo y que después volviera si quería”.

Autoestima, ven a mí

Monserrat siguió el consejo y con ayuda profesional empezó a escarbar en las raíces de esa urgencia repentina.  Entendió que no hay médico que le reconstruya el amor a quien ya lo perdió ni que moldee una relación deformada por el desamor.  “Comprendí que mis actitudes eran las que debía cambiar y que tenía que hacer crecer mi autoestima”, señala.

Era momento de recordar lo que le habían enseñado en los grupos de la iglesia de los que fue parte cuando la vida era más simple:  “Dios es mi papá.  No estoy sola. A pesar de mis errores El sigue ahí conmigo. Me alcahuetea, me acompaña.  Es mi papá”.   Con esa certeza esta mujer que ha dado de qué hablar en redes sociales, se toma la vida con el compromiso de hacer lo mejor que pueda para aprender.

El respeto no se negocia

Hay momentos como este en que Monserrat ha tomado decisiones a partir de alimentar el amor propio.  “Jovencilla dí una imagen de la sexy en VM Latino.  Fue un error que yo misma construyera esa imagen.  Un compañero, al aire, me dio una nalgada, me faltó al respeto y no tenía por qué tolerarlo.  Pedí que lo sancionaran y si no, me iba.  Terminé yéndome yo”, cuenta.

Luego vino la oportunidad en Destinos TV y  luego en Teletica. “Una vez alguien me dijo que yo no estaba a la altura de Teletica”, recuerda esta mujer que no duda de que su camino ha estado lleno de ángeles que la han ayudado.

ANGELES EN EL CAMINO…

“Cuando entré a Canal 7 lo que hice, antes de salir al aire en los Toros, fue ir y ensayar en el redondel. Una persona me dijo que yo no lo iba a lograr. Me volvía a ver como diciendo “A mi chiquita la cuesta!”, y se ríe.  Toma un sorbo de café y continúa: “No había bailado sobre arena jamás!. Menos hablarle al público a ese nivel, ni sabía cómo hacerlo. Así que agarré el micrófono y me escuchaba para hacerlo bien. Carlos Alvarez me enseñó cómo hacer y a repetir y repetir hasta que saliera bien”, dice con una gran sonrisa.

A 3 años de entrar a su tercera década de vida, Monserrat sabe que debe dejarse ayudar para mejorar.  “Si no fuera humilde y no me dejo guiar, no podría avanzar”, asegura con claridad.

Cuando entró a Dancing with the Stars se propuso hacer de cada rutina un momento de excelencia. Ganó el tercer lugar.

Luego la llamaron a “De boca en boca”.  “Ahí aprendí a vestir. No tenía que enseñar tanto para ganarme a las señoras. Eso me ha gustado mucho”.

¿Y la nariz?
Monserrat se prometió desde los 12 años "arreglarse" la nariz algún día
Monserrat se prometió desde los 12 años “arreglarse” la nariz algún día

Con la nariz el asunto es que desde que estaba en la escuela se veía en el espejo como una niña con nariz grande. “No iba con el resto de mi cara”, se ríe; “la nariz era española y el resto de mi cuerpo tico. Diay no!”, dice encogiendo los hombros y riéndose.

Desde los 12 se prometió cambiar eso. El “algún día lo haré” llegó hace menos de un mes, a sus 27 años. “Antes he tenido el dinero para operármela pero hasta ahora se dio el momento y encontré al doctor perfecto. Dios todo lo hace y todo es en Su tiempo”, señala mientras me enseña el antes y el después en su celular.

El médico le asegura que en un año quedará completamente sana.  Todo tiene un proceso.

Quiero ser así

“¿Sabe que? Yo ya no quiero ser la más bonita ni la más sexy. No aspiro a eso.  Yo quiero ser la más digna, la más sencilla.  Eso es lo que quiero”, me dice cuando terminamos la entrevista.

Monserrat quien dice haber encontrado a su pareja ideal, no sueña con casarse ni tener hijos.  Sabe que cada día tiene su afán y seguirá sonriendo mientras tenga vida.

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