Un abuelo, un hijo y una nieta en El Chirripó

A veces tendemos a vivir para producir, para tener “las mejores condiciones de vida”, por eso trabajamos largas jornadas, de día y de noche; y muchas veces dejamos de lado o postergamos nuestras metas y anhelos, aquellos que no nos van a generar millones de colones pero que nos darán una satisfacción personal increíble.

Así fue como le sucedió a don Renier, quien a sus 58 años decidió que dejaría de poner ‘excusas’ para no cumplir su sueño. “Siempre he sido caminante, toda mi vida he caminado, pero yo tenía una espinita hace años de que quería ir al Cerro Chirripó, por condiciones que hay ahí, la paz, la espiritualidad y el reto que significa, pero yo decía apenas pueda, tal vez en vacaciones, pero siempre me ocupaba en otra cosa y entonces rezagaba mi viaje.”

Hasta que un día se decidió y en junio del año pasado llegó a su casa con la noticia de que ya se había inscrito en un grupo para iniciar la preparación para cumplir su sueño. “Yo les dije, tal día empiezo los entrenamientos y tal día es el ascenso al Chirripó, ¿quién va a ir conmigo?”. Como él siempre ha tenido el apoyo de sus allegados, un hijo y una nieta se apuntaron a acompañarlo en su aventura.

Fueron varios meses de preparación y caminatas de entrenamiento y en febrero de este año llegó el gran momento. Los 3 tenían todo listo para dirigirse al sitio de partida, comenzarían a la media noche. “La condición física ya la teníamos.  Estuvimos vacilando, les preguntaba que si yo me quedaba, quién me iba a jalar, y disfrutando para bajar el estrés de que se llegaba el día.”

De esta manera tres generaciones se unieron para recorrer más de 70 kilómetros en dos días con experiencias incluidas como tener que bañarse en una laguna que tiene dos grados de temperatura, y un descenso de tiempo récord para don Renier. “Llegué mucho antes de lo que ellos esperaban, me les adelanté con un grupo intermedio, hice los 14 kilómetros en un tirón, caminé y caminé hasta llegar al hotel, cuando llegaron todos ya yo había tomado café”, recuerda entre risas.

Aunque en su vida había tenido grandes experiencias ya que durante mucho tiempo trabajó como investigador de accidentes aéreos y piloto aviador, asegura que no se compara con esto, ya que volar aunque es algo que le apasiona, era lo que hacía para vivir. “Lo del Chirripó fue algo muy mío, un pendiente que tenía, y lo logré.”

Gracias a esta experiencia don Renier se dio cuenta lo bien que le hacía sacar tiempo para sí mismo. Ahora sigue caminando, y tiene pensado volver a subir el cerro más alto de nuestro país el próximo año. Esta pasión la combina con su trabajo como instructor de aviación, profesor universitario y amante de la artesanía.

“Yo creo que uno está en una zona de postergar siempre lo que uno ocupa para alimentarse (subsistir) y entrar a la zona de aprendizaje y mágica de la vida es cuestión de que uno decida y nos cuesta mucho decidirnos” , aseguró a lizethcastro.tv

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