Quitémonos un peso de encima. Parte 1.

Periodista: Ana Coralia Fernández.

Esta semana te acompañaremos con una serie de artículos dirigidos a cada década de la vida, porque no es lo mismo querer perder peso a los 20 que a los 40, ambas edades suponen esfuerzo y algunas particularidades. Pero no solo se trata de quitar harinas, tomar agua, hacer ejercicio y comer más frutas y verduras o seguir “dietas relámpago”, que le quitarán en tres meses el peso que aumentó en años. ¡Cuidado! Eso es lo que advierte el Dr. Eduardo Arguedas Barquero,  quien basándose en su experiencia, asegura que ponerse a dieta implica mucho más que un recetario de alta fibra y bajar los carbohidratos.

“Hablamos de personas, no de tablas. La mayoría de gimnasios y entrenadores sacan un promedio entre la estatura y la edad de la persona y plantean una meta en kilos a corto plazo; buscan que todo el mundo sea delgado y ya está.

Perder peso es mucho más complejo. Hay que considerar antecedentes familiares importantes, el metabolismo y la salud particular de la persona que quiere perder peso y, finalmente, no se trata de fijar una cantidad de kilos en un tiempo determinado, sino de un estado óptimo de salud, considerando todas esas variables”, asegura el médico.

Por eso, hay que seguir estos pasos:

1. Usted va al gimnasio con su familia. La diabetes que padecía su abuelita, la presión alta de su papá, la osteoporosis del abuelito, todo cuenta.  Hay que realizar un examen exhaustivo completo que recoja la historia clínica y los antecedentes familiares de importancia (diabetes, asma, hipertensión, cardiopatías, problemas endócrinos, etc.), pues un buen plan para perder peso, la mayoría de las veces conlleva hacer ejercicio. “La gente se pone a correr y piensan más en su atuendo que en su estado general de salud. De un estado sedentario pasan a la rutina de gimnasio de un momento a otro, sin considerar que su cuerpo entra en crisis, pues de la noche a la mañana le están cambiando hábitos alimenticios y de actividad”, asegura el especialista.

2. Realizar una batería de exámenes completos: glicemia, hemograma, perfil de lípidos,(esto es muy importante conforme aumenta la edad), función renal, función tiroidea, para explorar cuál es el probable origen de su obesidad. “A menudo la gente solo se ve obesa, pero podría ser que el aumento de peso provengan de la tiroides por ejemplo. Hay medicamentos indicados para algún padecimiento que podrían  aumentar el peso del individuo y esto debe considerarse para quienes diseñan un plan dietético”, indica el doctor.

3. Valorar las metas a alcanzar. En caso de que haya una enfermedad de las mencionadas u otras, hay que valorar el propósito que se persigue, la cantidad de peso que se puede rebajar, para que no vaya en detrimento de los aportes nutricionales requeridos y así diseñar un plan  especial, aún en el caso de pacientes sanos.

4. Realizar algún tipo de actividad física, haciendo una prueba de esfuerzo. “A correr salimos con toda nuestra historia familiar y casi nunca los conocemos. Para eso son los exámenes”, comenta Arguedas Barquero.

5. En el caso de las mujeres, más allá de la edad, es muy importante el valor nutricional para evitar problemas ginecológicos como trastornos menstruales, que podrían llevar a cuadros anémicos. “Llegan a consulta personas que luego de hacer ejercicio y dieta se sienten peor y es que nos encontramos con que tenían una anemia severa antes de iniciar  dieta y ejercicio aunque tuvieran sobrepeso”, indica el médico.

6. Las “dietas relámpago” no funcionan: pueden ocasionar deterioro en la salud y el paciente, probablemente recuperará el peso que perdió en muy poco tiempo luego de abandonar la dieta.

“La pérdida de peso debe ser paulatina y constante. Alégrese de cada rayita menos en la báscula en lugar de un kilo por semana. En el caso de niños y adolescentes obesos es muy importante considerar el origen del problema  y en que etapa esta de su desarrollo”, advierte Arguedas.

7. Primero al médico, y luego de los exámenes, él hará una referencia al nutricionista que debe conocer este mapa de la persona considerando su estado de salud a fin de que  la dieta esté bien equilibrada y clínicamente adecuada.

8. Finalmente, a partir de los cuarenta años el cuerpo tiende a perder masa muscular. Entonces hay que considerar la ingesta de nutrientes que contribuyan a fortalecer los huesos, los músculos y prepararse para las etapas posteriores. Claro, que bajar de peso siempre es bueno, pero hay que hacerlo por salud, no por un tema de figura, o “parecer de veinte” cuando se tienen cuarenta o más. El peso ideal no es la resulta de una división entre estatura y edad. También es una actitud responsable y sobre todo un acuerdo entre el médico, el nutricionista y la persona que quiere rebajar”, indicó el doctor.

 

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