Mi hijo me salvó la vida…y tiene autismo

Esta madre se declara dichosa con su hijo que tiene autismo

Astrid Marín, es coach de vida.  Títulos académicos la respaldan, pero la escuela de vida que ha tenido a partir del nacimiento de su hijo Ian, la convierte en una mujer más sabia, madura y tolerante.  El tiene autismo, síndrome que no fue sencillo de diagnosticar.

A partir del diagnóstico -recibido por estos padres hace 7 años- tampoco fue más fácil comprender la forma en la que entiende el mundo y expresa lo que siente.   Ian puede dar patadas pero horas después tener la capacidad de generar ternura profunda;  puede estar callado horas o pegar gritos sin importarle dónde está.  Su inteligencia es maravillosa, es un ser humano con una alma hermosa cuyos códigos para comunicarse no son sencillos de digerir.   No sabe mentir, no le interesa eso que en este mundo se considera “un arte”.  El es verdad pura. 

Ian tiene una red familiar que lo sostiene pero él es, para su madre “el regalo que Dios envió para salvarme del ego, de la impaciencia, de la poca tolerancia y de la insensatez.  Ian, mi niño grande, con su autismo, ha transformado mi vida”, nos dice Astrid Marín en este relato.

Te lo compartimos completo.

Ian fue diagnosticado con síndrome de autismo a los 3 años
Ian fue diagnosticado con síndrome de autismo a los 3 años.

El corazón de la madre hablando

“Dicen por ahí que cuando puedes contar tu historia sin llorar, es porque ya la has aceptado! Creo que este es mi caso.

Mientras miro dormir a mi hijo de 4 años,  empiezo a hablarle a su oído.  Escuché por ahí que si hablas a tus bebés al oído puedes cambiar completamente su vida.  Confiada en esta premisa, me le acerco al oído y le empiezo a pedir perdón.  Le pido perdón por las muchas veces que durante mi embarazo no tomé mi almuerzo a tiempo.  Le pido perdón por haber pasado largas horas sentada en una oficina resolviendo problemas, mientras estaba embarazada de él.   Le pido perdón por haberle pasado el estrés, la angustia y la preocupación.   Le pido perdón por no haberlo cuidado lo necesario mientras estuvo en mi pancita.  En ese momento lloro mucho.  Sí, lloro mucho porque sobre mi espalda llevo la culpa de su diagnóstico de Autismo.

A los 3 años el médico le diagnostica un síndrome llamado autismo.  ¿Qué cosa es eso digo yo?.

No pasa mucho tiempo para que me devore todos los libros, artículos y videos sobre el tema.  Autismo para mí es una nueva palabra, una palabra que entre más investigo, más me espanta.

Ian empieza a dar muestras de un atraso en su desarrollo, entre los 2 y los 3 años.  Su poco lenguaje adquirido hasta los 2 años se pierde por completo.  Empieza a aislarse, a meterse en su propio mundo.  Mientras juega con una tapita y la observa por casi 1 hora casi sin moverse, me empiezo a preguntar: ¿qué es lo que le pasa a mí hijo?

Sus berrinches se acrecientan entre los 3 y 4 años: gritos, patadas, golpes.  Y ahora ya no habla. No tengo forma de saber qué es lo que le pasa.

Empezamos a descubrir su hipersensibilidad auditiva al llevarlo a sitios públicos ruidosos.  Desconocíamos que el ruido le afectaba y no entendíamos por qué daba gritos mientras cantábamos en la iglesia o cuando asistíamos a campeonatos deportivos en lugares donde había pitos, silbidos y tambores.

Nos dimos cuenta que él necesitaba ser tratado diferente.  Pero no sabíamos cómo.   La historia es larga, hemos pasado por cientos de horas de terapias, muchas maestras y profesionales involucrados, muchas y largas oraciones.

Pero hoy puedo decirlo: Ian fue el salvador de mí vida.

Transformó mi existencia desde el día que lo vi abrir sus hermosos ojos azules por primera vez.  Tiene 10 años ahora.  Él se autodenomina “Niño Grande”. 

Hoy habla, lee y escribe, juega, canta y maneja el internet mejor que sus padres.  Hemos aprendido cómo comunicarnos, como enseñarle y sobre todo cómo hacerlo creer en sus capacidades.  El camino no fue fácil.  Muchas lágrimas y preguntas sin respuestas.  Pero todo ese largo camino ha sido el mejor de nuestras vidas.  Porque junto a los retos y los obstáculos han llegado también la fe, la esperanza y el amor incondicional.  Ian me ha aceptado así como soy, con todos mis defectos y virtudes; y yo, yo le he aceptado como el regalo que es para mí vida.

El regalo que Dios envió para salvarme del ego, de la impaciencia, de la poca tolerancia y de la insensatez.  Ian, mi niño grande, con su autismo, ha transformado mi vida.

Mientras escribo esta nota,  mi mente vuela 10 años al futuro.

¿Cómo lo veo cuando tenga 20? 

Lo veo como el campeón que ya es, lo veo alto y guapo.  Lo veo con su hermosa sonrisa  y con su inocencia intacta.  Lleno de esperanzas y de sueños, viviendo con su espíritu noble y libre la vida que Dios preparó de antemano para él.  ¡Sé que lo lograremos!  ¡Sé que podrá ser independiente!. Sé que será un muchacho de bien que cuidará de su hermana, de su esposa y de sus hermosos hijos.  ¡Sé que Dios cumplirá Su Propósito en su vida!.

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Un comentario en “Mi hijo me salvó la vida…y tiene autismo

  1. Una hermosa historia con la cual me identifico mi nieto Camilo fue diagnosticado con autismo espectro Asperger al igual q Ian posee un lenguaje muy escaso para sus 5años pero es un chico bello inteligente lleno de amor el niño más tierno con sus defectos y virtudes q cada día lucha por salir adelante

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