Marcela y el “pecado” de ser extranjera

Periodista: Lorena Bogantes

“No entiendo de dónde tanto odio si yo nunca les hice nada” sigue cuestionándose Marcela quien actualmente tiene 24 años, pero que desde el kínder supo lo que era ser “la fuente de diversión” de los otros.

Desde los 4 años se mudó con su familia a Honduras y al ingresar al sistema educativo se dio cuenta de lo crueles que podían llegar a ser los niños, principalmente con una extranjera. Cuenta que le decían cucaracha y también sangre sucia, y aunque en ese momento no entendía que quería decir sabía que era una ofensa y eso la hacía sentir mal. “Me acuerdo una vez, que me cansé tanto porque me trataba tan mal, y la agarré del pelo… yo creo que fue la única vez que me defendí”

El tiempo transcurrió y en segundo grado sufrió la golpiza de unos niños gemelos. “Me agarraron a patadas, me golpearon tan duro y yo no le quería decir a mi mamá, pero cuando me recogió me volvió a ver y se dio cuenta que algo había pasado… Yo solo me acuerdo ver a mi mamá entrar a la escuela, así como un toro caminando hacia la dirección, y yo no sé qué pasó pero nunca más me volvieron a molestar”, recuerda Marcela.

Pensando que lo mejor sería un cambio ,al siguiente año la pasaron a otra escuela, pero más bien todo empeoró. Hoy recuerda: “Yo era muy insegura y desde el primer día la maestra le dijo a mi mamá que yo no servía para esa escuela, pero yo me propuse  demostrarle que sí.”

Ahí hizo una muy buena amiga, que para su desgracia se tuvo que ir. “Ahí fue donde todos se dieron cuenta que se me fue como la “pega” y empezaron a molestarme, me decían gorda, inútil, me decían puta, y yo ni siquiera sabía qué era eso.”

Palabras hirientes y una cicatriz de ocho puntadas que hoy Marcela intenta ocultar con su cabello, son algunos de  los tantos recuerdos de esa niñez plagada de acoso escolar. “Es como si me hubiese pasado ayer” recuerda con voz dolida, y la escena imborrable de haberse visto llena de sangre y a su alrededor los protagonistas de la broma vanagloriándose de su “travesura”.

Por muchísimas cosas afirma que tuvo que pasar sin que sus maestras creyeran en su inocencia: alfileres en las sillas, chicles en el pelo, acusaciones falsas de robo e inclusive una expulsión por la cual sufrió un castigo en su casa pero que al final se dieron cuenta que todo había sido un montaje.

“Usted no debió haber nacido”

El período de escuela y colegio transcurrieron de  forma muy complicada, “de tercero a octavo, fue lo peor de mi vida”, luchando día a día con sus intolerantes compañeros, profesores y director; solamente hubo una directora que creía en su versión y aunque a veces le era difícil, buscaba apoyarla.

Y por si fuera poco lo que los matones le hacían, en una ocasión le tocó soportar los insultos de una mamá que luego de acusarla de robarle algo a su hija le dijo: “Usted no debió haber nacido”.

Varias veces intentó suicidarse, “ya no quería vivir”, afirma. Por eso empezó a “jugar” con las rasuradoras de su papá, tomaba pastillas sin medida y buscaba cómo enfermarse para faltar a clases.

Pero entre tanta oscuridad, malos recuerdos e historias de terror, Marcela vivió momentos totalmente opuestos en una escuela de música a la que asistía. “Yo creo que por medio de la música yo agarré fuerza también de alguna manera. Ahí mis compañeros eran muy amables conmigo. En la escuela no me querían por ser extranjera, ahí más bien me querían por eso.” Sin embargo esto no lograba sanar las heridas que durante tantos años le habían venido provocando.

Un día finalmente volvió a Costa Rica, con la esperanza de que las cosas cambiaran pero no fue así. Entró a décimo año y se topó con otro par de chicas que se dedicaron a hacerle la vida imposible, le decían que la golpearían si no les prestaba los trabajos e inclusive llegaron a amenazarla de muerte. “Daban miedo, usted las miraba y daban miedo, eran intimidantes… yo tenía mucho miedo, una vez una me dijo que me iba a cortar en pedacitos, así como de película…”

Y por si fuera poco aquellos acosadores de Honduras la seguían contactando por medio de las redes sociales le hacían bullying  cibernético.

“Yo me creía muchas ofensas de las que me decían” asegura Marcela. Esto la llevó a ser una persona insegura y encerrada en sí msima.  Aún hoy en día debe luchar contra ello pues no hace mucho aún seguía recibiendo insultos por parte de aquellos que marcaron su vida negativamente.

Poco a poco ha aprendido a empoderarse y actualmente estudia psicología porque le gustaría poder ayudar a personas que sufren lo mismo que ella tuvo que vivir. Tiene además un proyecto con charlas y talleres en escuelas, pues considera que es desde donde se debe empezar a formar en estos temas. “Yo viví todo eso, y sé que uno sufre en silencio y muchas veces uno no hace nada por temor,  tal vez para no desilusionar a los papás” comenta Marcela que espera que su experiencia le ayude a comprender y aconsejar de mejor manera a quienes son víctimas de una tortura llamada bullying.

(Para ver el primer y segundo reportaje de esta serie, haga click en el siguiente enlace: http://lizethcastro.tv/noticias/maicol-ya-no-esta-aqui )

 

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