De hacer las costuras del pueblo a modista nacional

Esta madre encontró en su familia el motor para hacer realidad sus sueños

Esta es la historia de una niña con un sueño, que al crecer se convierte en madre y lo pospone; pero es justamente gracias a esta familia que procreó que logra cumplir el sueño.

Periodista: Wendy Arias./

Peralta es un pequeño pueblo ubicado a unos 14 kilómetros del centro de Turrialba. Para llegar al lugar, hay que pasar por zonas montañosas, cruzar un par de ríos que atraviesan la carretera angosta de lastre y tierra.  De camino se ven un par de pulperías, una escuelita y una iglesia. Y es desde aquel pedacito de tierra humilde y tranquilo, que una costurera, hoy diseñadora, ha logrado vestir a  a niños y adultos de todo el país.

Cada una de ellas es diseñada y confeccionada por una mujer emprendedora que una vez pospuso su sueño de ser modista, para sacar adelante a su familia y hoy vive aquel sueño de la mano de sus hijos y su esposo.

Ella es doña Cristina Bermúdez, quien cuando tenía 17 años y en compañía de su padre, salía de su pueblo hasta Turrialba para recibir clases de corte y confección. Entre risas, recuerda que el trayecto lo hacían algunas veces en moto y otras empujando la moto. Nos relata: “Así lloviera yo no faltaba a clases, eran de una hora, una vez a la semana. Aquel sueño yo lo cultivaba desde niña. Cuando me casé seguí cosiendo, hacía las costuras del pueblo y me gustaba, pero yo seguía con aquella espinita. Quería una máquina profesional y hacer más cositas, sabía que estaba para más, pero todo se complicaba”.

Su esposo pierde la escucha y se pospone un sueño 

Con el ingreso económico de las costuras de doña Cristina y el de su esposo Alexis Rojas como agricultor, este matrimonio sacaba adelante a sus tres hijos. Sin embargo, una infección de oído hizo que don Alexis perdiera por completo la escucha, por lo que su trabajo se volvió limitado y ella debía hacer frente a los gastos. Ella nos dice: “Tuvimos que aprender a comunicarnos, mis hijos le escribían en un papel cómo les había ido en la escuela, yo trataba de conseguir un préstamo para comprar una máquina profesional y hacer más trabajos, pero no calificaba por no tener una orden patronal. Luego con el cierre del ferrocarril la gente no tenía plata, entonces algunas costuras me las pagaban y otras no. Fueron tiempos difíciles. Recuerdo que el bus costaba ¢300 y algunas veces mi esposo solo tenía el pase, entonces le daba ¢150 a los chiquillos para que fueran a la escuela y él se iba caminado la mitad del camino para pagar menos”.

Los hijos se van de casa en busca de un mejor futuro

Cuando apenas alcanzaba los 14 años, su hijo voló para convertirse en futbolista, y su hija mayor no se quedó atrás y dejó su pueblo. “Mi hijo Fabián se fue para Heredia, ahí pintaba portones, vendía frutas y costeaba las clases de fútbol hasta que lo logró y se convirtió en lo que siempre quiso. Fernanda se fue a trabajar y estudiar, se graduó como periodista. Gaudi, la menor, estudia arquitectura. Mi esposo y yo estamos felices de ver que todos juntitos logramos salir adelante. La familia se cría con disciplina amor y rigor”.

Una hija que no olvidó el sueño de su madre

“¿Qué le digo? Yo no lo podía creer. Fernanda me llevó, no me dijo a qué, cuando llegamos a la tienda me dijo: Ahora si mami, escoja. Nunca se me va a olvidar aquel día, me compró dos máquinas profesionales, es que yo pensaba que no era en serio, pero ese día, empezó mi sueño. Mi hija me echó al agua y yo le seguí la corriente, dejé de lado a esas personas que me decían que ya era tarde para empezar una empresita. Ahora soy modista y creamos una marca, se llama Cosis y es para niños”.

Una red familiar

Doña Cristina diseña una prenda, envía una foto a su hija mayor, ella la publica en redes y empiezan los pedidos. Fernanda o alguno de sus hermanos, envía la tela por encomienda hasta Turrialba Centro, don Alexis sale en su moto desde Peralta para recoger la materia prima que su esposa convertirá en hermosas creaciones. Una vez confeccionadas, vuelven a ser trasportadas en moto y enviadas por encomienda hasta San José, donde los hijos de la familia las distribuyen.

“Es una felicidad enorme; mi hijo tiene una línea de camisas, mi hija menor vende vestidos de baño, Fernanda posiciona de todo, mi esposo es mi mano derecha y mis nietos son los modelos. Si me hubiera preocupado primero por mi sueño y luego por mis hijos hoy no estaríamos viviendo juntos este anhelo del que ellos son el motor. Todo es en el tiempo de Dios“.

Hoy los diseños de aquella jovencita que recorría un largo trayecto en moto para ser modista, se venden en todo el país. Aquella mujer que vio como las puertas se cerraron una y otra vez para comprar una máquina de coser, hoy da trabajo a nueve mujeres que al igual que ella se ganan la vida con sus costuras y además, enseña a un grupo de jóvenes de su querido Peralta, a convertir un pedazo de tela en hermosas prendas.

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