“Ese bicho no sabe con quién se metió”, dice una luchadora del cáncer

Periodistaa: Wendy Arias

Asistió al médico con el único objetivo de realizarse una esterilización femenina. Apenas cumplía 26 años cuando la enfermera preguntó si se realizaba el autoexamen de mama. “¿A está edad, eso es para mujeres mayores a 40 años?” Cuestionó con asombro Cintia Solano.

“La enfermera insistió y me explicó cómo se realiza el autoxamen y la importancia de realizárselo constantemente. Al llegar a casa me lo hice, toqué una pelotita, me dije: es grasa, agua, que sé yo, cualquier cosa menos cáncer”.

Acompañada por su madre, Cintia se practicó los exámenes necesarios para determinar de qué se trataba aquella masa localizada en su pecho. El médico fue conciso al dar la noticia: era cáncer de mama. Hubo lágrimas, cuestionamientos, sentimientos encontrados. Sin embargo, no había tiempo que perder, de lo contrario la enfermedad se fortalecía y a esa edad suele ser mas agresiva.

“La quimioterapia y radioterapia fue difícil. Vomitaba, lloraba, me orinaba, mi hija, que en ese entonces tenía seis años me juntaba del suelo. A los tres meses quise desistir, pero mi mamá me dijo: si tengo que llevarla a quimioterapia de las orejas porque no tiene pelo, la llevo, pero usted va a luchar.  Gracias  a Dios así lo hizo.” Recuerda entre risas.

A los seis meses, Cintia fue dada de alta, pero ella quería ir más allá. Durante su tratamiento, se dio cuenta de que existían muchas limitaciones y desinformación sobre el cáncer, así que dio vida a su propia fundación, que además de dar una mano a quienes tienen este padecimiento, ayuda en otro tipo de enfermedades. “No hay mejor arma para dar guerra a una enfermedad que tener conocimiento sobre ella”, asegura.

Pasaron 10 años hasta que un día una simple tos, la llevó a darse cuenta que había que dar inicio a una nueva batalla contra el cáncer. “Todo parecía ser una neumonía. Luego mi corazón estaba muy grande, me internaron y sacaron dos litros de agua. Exámenes iban y venían, pero yo no sabía de qué se trataba, hasta que escuché la palabra oncóloga (especialista en cáncer). No puedo explicar lo que yo sentí, es que antes de que ella llegara yo ya había llorado e incluso aceptado que la enfermedad había vuelto”.

Para esta ocasión, esta mujer de 37 años se enfrenta al cáncer metastásico, es decir: un cáncer que se ha propagado desde el lugar en que se presentó por primera vez (la mama) hasta los otros órganos del cuerpo. En Cintia la enfermedad se extendió hasta el pulmón y debe someterse a quimioterapia indefinidamente para evitar que llegue a otras zonas.

“El diagnóstico fue difícil, si, pero lo procesé mejor. Me dolía que mi familia estuviera casi devastada y triste, pero ya les eduqué en el tema. Yo no creo en estadísticas, la gente debe aprender que el cáncer metastásico no es sinónimo de muerte. Adopté un estilo de vida diferente, pero nada más., estoy hinchada y sin pelo por la quimioterapia, pero viva, disfrutando mi día día a mi hija y mi familia, feliz de ayudar.  Es que ese bicho (el cáncer) no sabe con quien se metió”. Afirma con seguridad y una sonrisa.

Cada lunes, Cintia asiste a quimio con una sonrisa y apoyo para sus compañeros de sala. También, continúa con su trabajo. Se presenta a su fundación ANASOVI, para dar información y ayuda a las muchas personas que hoy, al igual que ella, dan pelea al cáncer u otra enfermedad, cargadas de convicción .

 

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