Abuelita, barrendera y sacando noveno año

48 años, tres hijos y un nieto no son las características comunes de una estudiante de noveno año. Pero precisamente, eso es lo que hace diferente a Doña Ileana Barrantes, una mujer que se levantó ante los tropiezos de la vida y que hoy se dedica a cumplir su sueño, terminar el colegio y convertirse en ecologista.

La vida no fue fácil. A sus 18 años quedó embarazada y en el camino de esos nueve meses conoció a su primer esposo, quien le ayudó a asimilar la noticia de que Esteban, su primer hijo tenía capacidades especiales, un leve retardo mental.

Fue entonces cuando sus planes de estudio pasaron a segundo plano.

¨Fue muy duro, la gente tiene recelo con los niños especiales, mis ganas de surgir se quedaron ahí, pero me comprometí a sacar a mi hijo adelante. Lo llevaba a estudiar, a veces solo con los pases en la bolsa. Valió la pena, hoy sabe leer y escribir, es independiente¨.

A los cinco años de Esteban, llegó su hijo Gilberto y tres años más tarde, la menor de los hermanos,  Kimberly.

Doña Ileana se dedicó en cuerpo y alma a su familia. Trabajó en construcción, en una granja, cogió café, y hasta pasó por las bananeras de Limón. Tras 23 años de matrimonio, este llegó a su fin. ¨Él ya no me quería, de repente cambió y me rompió el corazón¨.

Costó que las heridas sanaran, pero para esta valiente mujer había un nuevo amor, Don Luis. ¨Luis llegó para hacerme sentir amada, acompañada y demostrarme que sí hay segundas oportunidades¨

Y fue precisamente ahí, donde doña Ileana retomó su meta: terminar de estudiar.

En medio de su trabajo y los quehaceres de la casa, doña Ileana ya culminó el sétimo y octavo año y este mes de febrero dio inicio al noveno año en el Centro Integrado de Educación de Adultos (CINDEA), donde recibe clases de seis de la tarde a nueve de la noche.

EL estudio lo combina con su trabajo de barrendera en las calles de Santa Ana, profesión que comparte con su esposo.

¨Me decían que era un trabajo de hombres, que se llevaba mucho sol y agua, pero sí lo logré, soy la única mujer de todo el plantel y eso no me hace diferente¨.

Sacó un curso de computación, otro en pastelería, uno de pintura  y sigue creciendo. La meta está clara terminar el bachillerato y convertirse en ecologista.

¨Me puse metas y las he cumplido. Si todos pensamos que nos vamos a morir mañana no hacemos nada, hay que luchar, hay que ponerse metas, hay que surgir, he dejado hasta la televisión por estudiar y trabajar y soy feliz, soy plena¨, asegura con una sonrisa inagotable.

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