¿Votar o no votar?

¿Votar o no votar?

En un mes, tengo que votar.  Digo “tengo” porque es un acto muy personal aunque confieso que he dudado si hacerlo o no.

Documentales serios y las series de narcos en Netflix me tientan a creer que la política en muchos países de América Latina se parece mucho a una sala de cirugía plástica:   los “médicos” que operan al paciente (o sea al país) son los narcos y los poderosos de corbata.  Ellos ponen, quitan, añaden, injertan, serruchan, esconden, arreglan, remodelan, desacomodan y acomodan a su conveniencia.

En esta deprimente versión, el pueblo cree que es él quien decide quien gobierna pero no, al final hay una especie de “baile del billete” donde los candidatos están en la pista y aunque hay muchos viendo alrededor (los que votaron), pocos muy pocos se acercan a poner con alfileres finos, los billeticos que les colgarán del traje a esas marionetas presidenciables. 

Pensar en eso me quiere echar para atrás en el privilegiado acto de votar porque hay hechos imborrables de corrupción en mi país colados en todos los poderes y estratos y me da la sensación de que hay compatriotas míos con carné de cliente frecuente en el club de las marionetas indignas. 

Aún con esto, en mis adentros hay una buena razón para votar:  Me parió la nación más bella del mundo; esta madre no es la más perfecta pero sí la más bella y bondadosa. Con ella he crecido y cumplido sueños. Quiero retribuirle todo lo que me ha dado; lo que pienso, al menos, suma como un voto y es una manera de demostrar que por encima de la decepción que siento, merezco (todos merecemos) que todo lo bueno que se gesta en esta Patria, valga.  

Un día de elecciones es una fiesta en Costa Rica, porque la libertad de decir con quien vamos, no tiene precio;  esa celebración vale también que yo vote. Es mi pulgar en un papel y no mi índice en un gatillo.   Lo haré en silencio, pero lo haré.  Tengo la esperanza de que cuente mi opinión y la de todos los que acudamos a las urnas.  Eso no acabará con las marionetas ni el baile del billete, pero hace que yo diga ¡Presente, aquí estoy, opinando, sumando, siendo parte! porque esta madre lo vale.

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